Viajar es como limpiar la habitación de nuestros recuerdos más próximos. Esos muebles con patas andantes, bichos peludos que tienen colmena preferencial en nuestros sueños. Un viento fresco al crepúsculo mientras se ve caer esa estrella incólume me aliviana el cuerpo, me hace flotar, me amplia los sentidos, me retroalimenta el alma. Porque es necesario armarnos nuevamente de fuerzas cuando la batalla campal comience, una vez más, en este mundo salvaje de hienas y lobos.