La noche del 26 de Abril de 1986 fue protagonista del desastre
nuclear más grande de la historia, durante una prueba, en la que se simulaba un corte de suministro eléctrico, un aumento repentino de potencia en el reactor 4 de la Central Nuclear de Chernóbil produjo el sobrecalentamiento del núcleo del reactor nuclear, lo que terminó provocando la explosión del hidrógeno acumulado en su interior, generando una nube de radiación que se expandió por toda Europa.
La cantidad de material radiactivo liberado fue cercano a las 200
toneladas, unas 500 veces mayor que la liberada por la bomba atómica arrojada en Hiroshima, causó directamente la muerte de 31 personas, forzó al gobierno de la Unión Soviética a la evacuación de unas 135.000 personas y provocó una alarma internacional al detectarse radiactividad en diversos países de Europa septentrional y central.
Después del desastre, un área de 4 kilómetros cuadrados de pinos en las cercanías del reactor adquirieron un color marrón dorado y
murieron, adquiriendo el nombre de “Bosque Rojo”. Algunos animales en las zonas más afectadas también murieron o dejaron de reproducirse.
Embriones de ratones simplemente se disolvieron, mientras que una
manada de caballos abandonada en una isla a 6 km de la central nuclear se extinguió al desintegrarse sus glándulas tiroides.
En septiembre de 2005 la ONU emitió un informe que verificaba la
muerte de 4.000 personas entre Ucrania, Bielorrusia y Rusia provocadas por el desastre. Otros informes sitúan entre 30.000 y 70.000 personas fallecidas. Greenpeace afirma que el número real de víctimas en toda europa asciende a 200.000.
La radiación alcanzó a países tan lejanos del núcleo de la
explosión, como Austria, Suiza y Francia, y que aún hoy en día, los
médicos siguen diagnosticando un número, muy superior a lo habitual, de personas con enfermedades oncológicas y, sobre todo, cáncer de tiroides.




