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Categoría: Lugares con encanto

Periplo vacacional

Ya hemos vuelto de nuestras vacaciones galleguiñas. Impresionante. De verdad, puedo recomendar el sitio donde hemos estado. Hemos disfrutado de unos días en un enclave muy poco explotado turísticamente. Imaginaos una tienda de recuerdos en 70 kms a la redonda. Creo que con eso digo todo. Iré poco a poco para que no se me olvide nada de estos días tan estupendos.

Salimos el lunes 4 a los pocos minutos de publicar un post. Las últimas noticias antes de unos dias de silencio y desconexión. Intenté hacerlo con mi ordenador; pero quién sabe por qué decidió el windows system perder el archivo 32. Cambio de planes porque pensábamos llevarnos el ordenador de vacaciones para descargar las fotos y aprovecharnos de la conexión wi-fi del hotelito donde nos alojábamos. No me preocupó demasiado. Es lo bueno de tener al informático en casa; pero sobre todo es lo bueno de pensar que nada me va a fastidiar las vacaciones, mucho menos un ordenador. A la hora de cargar el coche se produjo un "momento Daniel". Mi marido salió por la puerta con las maletas y el peque se puso a llorar desconsoladamente. ¿Por qué? Porque pensaba que su papi se iba. Cuando volvió, la alegría que se llevó fue tremenda y cuando vio que le cogían para llevarle al coche, era una fiesta, el bebé más feliz del mundo. Es tremendo lo que pueden transmitir los peques sin usar las palabras. Del lloro desconsolado pasamos a las carcajadas, porque descubrió que nos íbamos los tres, no sólo el papi. Se notó la diferencia entre las vacaciones del año pasado con cunita de viaje, coche grande y un montón de cosas más (calienta biberones, esterilizador...) a éstas en las que el maletero iba a media carga. Mejor, porque yendo a la Ribeira Sacra algo de vino volvería con nosotros. Pero no adelantaré acontecimientos.

Salimos con la tranquilidad de tener todo el día para llegar a nuestro destino. Y casi lo consiguen, porque "algunos" demostraron que llegaron tarde al reparto de inteligencia. ¿A quién se le ocurre ponerse a asfaltar la A-6 en agosto? ¿¿??¿¿??¿¿??¿¿?? Comprendo que Rajoy se iba de vacaciones en agosto a Pontevedra; pero fastidiar a tantos viajeros desde Tordesillas es para acordarse de la DGT y pensar que las siglas están equivocadas, porque se acercaban más a una J, y la D debería ser la segunda. Ya me entendéis. Por suerte teníamos gasoil, el coche con aire acondicionado y Dani no se despertó. Pero os aseguro que me acordé de la familia de más de uno. No de los pobres operarios que estaban allí con el calorazo, el asfalto y las malas caras de los veraneantes. Tras una hora de atasco, conseguimos volver a pasar de primera. Paramos unos momentos para comprar agua, sandwiches y unas galletas. Así podríamos aguantar hasta donde íbamos a comer, en Las Pallozas, un restaurante de Carracedelos que os recomiendo. Porque una cosa es estar de viaje y otra comer mal. En nuestro caso, buscamos sitios con encanto, donde la relación calidad-precio sea buena. Lo que menos nos apetecía era pasarnos el viaje con una descomposición por comer mal. Con Dani, tampoco podemos comer en plan bocata. Nos atendieron bien, comimos mejor y fue una paradita justo antes de dejar la autopista, dejar León para entrar en Orense.

Antes de las seis llegamos al Pazo a Freiría, nuestro hotelito de destino, donde nos esperaba una de las suites. Estas vacaciones eran un capricho, un merecido premio a un año lleno de trabajo, de momentos duros, de viajes de trabajo... no iban a ser muy largas por lo que nos decidimos a disfrutarlas los tres. En un principio pensamos en el parador de Santo Estevo; pero conocimos el Pazo y nos pareció una opción mejor. No nos equivocamos. Una habitación estupenda, con saloncito, bañera de hidromasaje, salidas propias al jardin, con vistas a los parajes del Bibei. No había playas cerca, ni falta que nos hacía. Nos apetecían unas vacaciones en plan tranquilo, de turismo rural, de monasterios, paisajes y cultura gastronómica. No había planes pre-establecidos, aunque había algunas cosillas que no nos queríamos perder: los cañones del Sil, el románico gallego, quizá ver Orense y Pontevedra. Sin planes, porque todo dependía de cómo nos encontráramos y de Dani. Nunca se sabe lo que puede pasar con un bebé de 17 meses. La primera sorpresa de la habitación: las mantas de la cama. En pleno agosto, eran necesarias. Se agradece después del calor madrileño que dejábamos atrás.

No quiero dejar pasar un detalle curioso. Para ir de Rua a Pobra de Trives íbamos por una carretera en la que aparecieron unas cruces azules en el lado izquierdo de la carretera. La primera pensamos que era porque alguien había muerto allí, pero es que la siguiente apareció a los 50 metros y así hasta llegar al pueblo. Estan bien ancladas en la carretera, con cemento y todo. Al llegar al pueblo nos comentaron que es una reclamación para que hicieran una carretera allí, la A-76 y que al no hacerla les estaban condenando a la muerte en lo que se refiere al turismo, al progreso. Curiosa forma de reivindicar. Creo que es la primera vez que veo algo así, no sé si lo conseguirán; pero la iniciativa al menos está provocando la curiosidad de los viajeros que pasan por alli.

Una vez llegados al hotel, después de tener la primera toma de contacto con la habitación y el entorno, nos fuimos a la oficina de turismo de Pobra para recibir la información pertinente. Decidimos ir a ver Sobrado de Trives, aunque no nos bajamos del coche. Dani estaba durmiendo por lo que hubo un cambio de planes y nos encaminamos a Castro Caldelas. Y de allí, fuimos a Monforte de Lemos, con unos cuantos inconvenientes de carretera en obras y sol en el parabrisas delantero. Gracias a ese camino pudimos descubrir el embarcadero de Doade donde la diputación de Lugo tiene una de las opciones para ver los cañones del Sil. La ruta es de 22 kms de ida y 22 kms de vuelta. Dos horas y media de recorrido, aunque cuando pasamos por alli la primera vez no lo sabíamos. Cuando llegamos a Monforte buscamos un sitio para tomar algo y, literalmente, no había ni una mesa. Al final, nos metimos en un restaurante pizzería a cenar, de donde nos marchamos sin ni poder tomar postre. Algo normal con un peque a ciertas horas. A la vuelta descubrimos un detalle curioso: los carriles de vehículos lentos en esa parte del país están de bajada ¿¿??¿¿?? Parece una tontería pero nos llamó la atención. Más cuando llevas dos camiones delante en una nacional y no puedes pasarles porque cuando tienes dos carriles aumentan su velocidad al ir cuesta abajo. Nada nos impediría disfrutar de nuestras vacaciones y menos el tráfico mercantil de la N-120.

El martes amaneció con Dani tocando diana bien pronto. ¿Solución? Se vino a la cama de los papis a jugar con las mantas, mantener el equilibrio de pie y disfrutar de la compañía hasta que empezó a pedir el desayuno. Teníamos por delante un día con una gran prueba. El recorrido por los cañones del Sil. Meter en un barco a un peque durante más de dos horas es una prueba, su primer viaje en barco, sin saber si se iba a marear, en un día caluroso, sin poder andar a sus anchas... muchas incógnitas. Pero el paisaje merecía la pena y era el principal motivo de haber elegido Orense como destino vacacional. ¿Qué pasó? Pues lo de siempre con Daniel: superó todas nuestras expectativas. Se lo pasó genial y se quedó con todo el pasaje. Quien le conoce no se extrañará porque el peque sabe ganarse a los que le rodean, una sonrisa un "hola" y esa cara de pilluelo encantador hace que nadie se resista. El viaje por los cañones es algo que nadie debería perderse. Es impresionante ver dónde cultivan vides, ver lo que han hecho años y años en la roca a base del golpeo del río. Una gozada que se nos pasó rápido. Eso sí, lo que no entendí muy bien era que pusieran por la megafonía la BSO de "La Misión", no sé le habría pegado más sonidos de gaita; pero bueno. Gracias a que hicimos ese recorrido nos enteramos de que para visitar el monasterio de Santa Cristina bien, es decir poder entrar en la iglesia, había que pedir la llave en la oficina de turismo de Parada de Sil. Se nota que a nivel de turismo es una zona poco explotada porque fueron muchas las personas que no tenían esa información y que se quedaban a medias con esa visita. Después del viajecito por el Sil, nos dirigimos a Monforte para comer. ¿Qué haríamos después? Pues una de las características de nuestros viajes, coger el coche y recorrer la provincia donde estamos. Salimos de Monforte a las cuatro y sin planes pre-establecidos, con Dani dormidito, nos encaminamos a Orense. Dos detalles: el mirador a las hoces del Sil y los "kilómetros gallegos". El mirador a las hoces es un sitio curioso, porque sería un lugar con vistas estupendas, si no fuera por el tendido eléctrico que le han puesto delante, lo que hace que las vistas no sean tan estupendas y las fotos hagan obligatorio el uso del photoshop. Se ve mejor si vas de copiloto en el coche. Los kilómetros gallegos son muy particulares. ¿A qué me refiero? Bueno, pues que, segun ellos recorrimos 10 kilómetros en tres minutos, algo imposible a la velocidad que íbamos, contemplando el paisaje. No sé es como si los kilómetros se alargasen o encogiesen dependiendo de donde estés. Curioso por lo menos. Cuando llegamos a Orense, Dani seguía dormido, por lo que la recorrimos desde el coche, admirando los puentes que tienen, algunos verdaderas obras de ingeniería. Y nos encaminamos a Pontevedra. Una ciudad que nos gustó. Estaban en fiestas y aparcar es un poco caótico; pero parecía acogedora. Eso sí, cumplir nuestra tradición de llevarnos un imán fue toda una odisea, pero eso nos permitió conocer la ciudad un poquito más.

El miércoles fue el día que elegimos para visitar monasterios de la zona: Montederramo, san Pedro de Roca, santa Cristina... pudimos comprobar de primera mano, una vez más, el daño que hizo al patrimonio cultural la desamortización de Mendizabal. Para llenar las arcas del estado seguro que fue buena; pero para las obras de arte fue desastrosa. Montederramo ha pasado por ejemplo de ser el segundo monasterio en importancia de la zona (sólo superado por el de Oseira) a ser el colegio de 23 niños (y bajando, desgraciadamente). La persona que lo enseña es una de esas guías que disfruta con su trabajo y que no se pone en plan clase de arte "rollazo". Visitar monasterios con un peque de 17 meses que dice cosas no es fácil y en ningun momento nos dijo nada malo, al contrario, terminó cogiendo a Dani de la manita y diciendo cosas para él. La siguiente parada, nunca mejor dicho fue Parada de Sil para coger la llave del monasterio de santa Cristina, enclavado en plena Ribeira Sacra. Un sitio muy especial, y no sólo por el nombre. Están rehabilitándolo, pero merece la pena darse el paseo e ir. La iglesia es sencillita, de típica cruz latina de base. Viéndola te puedes hacer una idea de lo que representaban las iglesias en la época románica. A pesar de lo que la gente se cree, el románico no era precisamente un arte de bloques de piedra, mamotretos oscuros... nada más lejos porque se pintaban tanto por dentro como por fuera. Eran como grandes libros donde contar las historias de la Biblia. El paso del tiempo ha hecho que esas pinturas se pierdan en algunos casos; pero debió de ser impresionante en su época, entrar en una iglesia y ver tanto color, tantas historias... Después de devolver la llave en Parada de Sil, fuimos al sitio que nos recomendaron para comer. Y no había sitio, gracias a Dios, porque por ello, conocimos un restaurante increíble que llevan unos gallegos afincados en Madrid gran parte del año: A Palleira da Horta. Lo encontramos de casualidad y de verdad que es para apuntar el sitio y volver. Allí nos pasó algo muy curioso. Una de esas frases que marcan un viaje. Una señora que llegó después que nosotros le dijo al que atendía las mesas que su entrecot fuera con sal fina porque era alérgica a la sal gorda ¿¿¿¿¿¿??????¿¿¿¿¿¿????? ¿Cómo? Me extraña que haya alguien que sea alérgico al cloruro de sodio, porque nuestro cuerpo lo genera por lo que se moriría. Pero es que además, era alérgica a una forma no a la sustancia. Es como si alguien dijera que es alérgico a los cubitos de hielo, pero no al agua. Puede ser que no le guste la sal gorda, pero alergia a ella... es por lo menos extraño. Me recordó a las excentricidades de una "aspirante a la familia" que conozco. Después del homenaje gastronómico nos fuimos despacito hacia san Pedro de Roca. Un monasterio ejemplo de cómo se pueden aprovechar los elementos naturales para la construcción. Había visto cosas variopintas, pero san Pedro de Roca es un lugar que hay que conocer. Hace unos años estaba abandonado y decadente. Hasta que lo descubrió el fundador de "la ciudad de los muchachos" y empezó a hacer alli campamentos para rehabilitarlo. Ahora allí hay un centro de interpretación... pero queda mucho por hacer. De san Pedro nos encaminamos a Maceda para terminar en el santuario barroco de los Milagros. Maceda es un pueblo donde los carteles de señalización se hacen con folios ¿¿¿???¿¿¿??? Del santuario tengo poco que decir. El barroco no es un estilo que me encante y la verdad es que me llamó la atención el hecho de que sacaran la imagen de la virgen fuera de la iglesia-santuario para que puedan ponerle todas las velas que quieren los devotos sin peligro de incendio es por lo menos llamativo. Volvimos al Pazo, agotados y tras un breve paseo por Xunqueira de Espadañedo, donde el monasterio desamortizado es ahora el ayuntamiento.

El jueves nos decidimos por visitar el monasterio de Oseira y esa zona después de disfrutar un día mas del desayuno del Pazo, donde no podían faltas los pedazos de bicas. Una especie de bizcocho típico de esa zona que está buenísimo. Y una miel natural que encima de las tostadas de pan de pueblo es mejor que cualquier bebida energética. Para ir a Oseira pasamos por Cea, el único pueblo que conozco que tiene pan con denominación de origen. Tardan entre seis y siete horas en hacer el pan, que es como dos hogazas juntas y que tostado está buenísimo... y dura casi una semana. En Oseira me acordé mucho de mi anterior visita cuando fuí con un grupo de amigos de Alcorcón en una peregrinación. El tiempo ha pasado y las sensaciones también. Ver el monasterio con mis hombrecitos estuvo muy bien. Dani se portó muy bien, quedándose una vez más con varios de los visitantes. Nos encontramos con un grupo de peregrinos (creo que franceses) que ya habíamos visto en Orense. Quizá fue eso lo que hiciera que mi memoria se despertase y me acordara de muchas personas. Para bien, por supuesto. Y de Oseira fuimos a Cea, a comprar pan y una empanada. Cualquiera sabía donde terminaríamos comiendo. ¿Donde terminamos? En el monasterio de San Clodio, la cuna del Ribeiro. Allí probamos el pulpo a la brasa con cebolla roja confitada. ¡Qué cosa más rica! Nunca había comido el pulpo así. No sé si lo volveré a probar. De lujo, de verdad. Él día que volvamos a la Ribeira Sacra y no haya sitio en el Pazo, seguramente será uno de los hoteles donde miremos. Una pasada de sitio con un magnífico servicio. De allí, ya volvimos a la zona de Trives para intentar visitar As Hermidas. Algo imposible porque había una romería o algo por el estilo. Así que nos volvimos al hotel para disfrutar de unos momentos divertidos en el jardín y de una sesión de baño de hidromasaje, donde Dani disfrutó como un enanillo.

El viernes nos decidimos a tomarnos el día tranquilo para hacer compras de los típicos recuerdos (camisetas...) en Castro Caldelas, encargar un poco de vino de la Ribeira. Antes intentamos ir a Santa Tecla, pues yo pensaba que allí había algo que ver porque en un viaje anterior mis padres me trajeron un llavero. Pero... me temo que era otro santa Tecla porque allí no había nada que ver. Quizá el monasterio de San Paio, que es de un particular, está que se cae a cachos y no se puede ver sino por un agujero en la puerta de madera. Debió de ser impresionante, hasta que nuestro amigo Mendizabal apareció en el gobierno. En Castro Caldelas compramos camisetas y disfrutamos de un lugar de productos típicos, probando vinitos, crema de orujo... Volvimos a intentar la visita As Hermidas y esta vez pudimos bajar hasta allí. El santuario es barroco por lo que no nos encantó. Hay un via Crucis de figuras de tamaño natural, pero necesitaría una buena restauración. Comimos en un sitio que parecía la tasca típica de pueblo. Y cuando volvíamos a descansar al hotel para después continuar las compras, me llamó mi madre para darme una noticia que esperaba. Una prima que estaba muy malita había fallecido. Si hubiera sido otra persona, a lo mejor me habría pensado el volver o no a casa; pero en esa persona era muy especial, por lo que hicimos las maletas y nos volvimos a casa antes de lo previsto.

Vacaciones cortas pero intensas en Orense donde nos han quedado cosas que hacer y que ver. Volveremos, seguro.

Por cierto, he tardado en publicar porque con Dani tengo poco tiempo y al estar el papi de vacaciones, me he querido tomar un descansito bloguero. Además, había que arreglar el ordenata, algo que se hizo mejor de lo que pensaba porque tener al experto en casa es algo genial. No perdí nada y fue todo bastante sencillo... porque se puso mi marido a ello, por supuesto.

Ya hemos vuelto a la normalidad, disfrutando de los JJ.OO... sobre todo de Nadal.

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  • Trujillo

    Antes de nada, quiero dar las gracias a todos los que me habéis dejado un comentario felicitándome por mi cumpleaños. Muchas gracias, de verdad, por formar parte de mi vida, dejarme formar parte de la vuestray entre todos hacer una familia virtual que cada día es un poquito más grande y más humana.

    Dicho esto, os contaré un poquito lo de este fin de semana en Trujillo. Antes de nada, decir que la propuesta era estar sólo los tres, sin ordenador, sin móvil lo más posible. Sin planes, sin ideas preconcebidas. Sólo mi marido, Dani y yo. Reservamos la suite del parador de Trujillo, una buena decisión, al igual que lo de elegir la media pensión. No íbamos a estar mucho tiempo y con nuestro príncipe era casi seguro que cenaríamos en el parador. Un gran acierto que nos salió mas barato de lo que pensaba.

    El parador es un antiguo convento de clarisas del siglo XVI. La antigua comunidad lo vendió porque no podían mantener el edificio en condiciones e, imagino que con lo que les dieron, se hicieron el edificio de enfrente. Por lo que iba buscando a las clarisas de Trujillo y las teníamos en la otra acera. Compramossus dulces, normal, porqueson recetasde hace 300 años y que no tienen "nada raro" las pastas de almendra llevan huevo, almendra y azucar, nada más. Y, por otro lado tiene el típicosabor de repostería monacal. ¿Qué sabor? El que dá hacer las cosas despacio y bien porque el trabajo es una alabanza y una forma de dar gloria a Dios. Las cosas se hacen de forma distinta cuando el trabajo es una carga que debe afrontarse para pagar la hipoteca a cuando es una manera de decir "te quiero" al Amor de tu vida. Son 10 monjitas en la comunidad. Les faltan vocaciones, jóvenes que quieran seguir esa llamada de santidad. Curioso, pensé en Lerma donde en un convento preparado para 35 o 40 monjas hay 100 y pico. Unos tanto y otrostan poco.

    Aparte de eso, el dia 7 paramos en Guadalupe. Se preparaban para la fiesta grande del 8. Me hizo extraño, porque las veces que había ido, siempre había sido de peregrinación y los sitios se ven de otro modo. Visitamos la basílica y nos fuimos a Trujillo.Sucedió lo que podría llamar un "expediente X". A la salida de Guadalupe hay un cartel que pone "Trujillo 30 km". Pues bien, los 30 kilómetros son realmente 80. Porque cuando llegas a Zorita, tras casi tres cuartos de hora te pone "Trujillo 30 km". A mi que me lo expliquen. Tres cuartos de hora en coche para no hacer ni medio metro. Ocurre algo parecido en Trujillo para ir a Mérida. Te ponen "Mérida 89" a la salida y no has hecho ni 10 metros cuando aparece una señal de "Mérida 92". ¿Mandeeee? Me parece que alguno se perdió la lección de Coco de Barrio Sésamo de las distancias.

    En Mérida, por una vez no me cayó la tromba de agua de rigor. Todo estaba abierto, de forma gratuita porque el 8 de septiembre es la fiesta de Extremadura. Primera noticia que teníamos. Si lo hacemos aposta no nos sale. Sigue siendo caótico, con el tema de las señales; pero bueno al final llegamos al Teatro y al Anfiteatro. Hace años hice un trabajo sobre el conjunto. Ya no me acuerdo de nada. Ley de vida, supongo. Aprobé con nota esa asignatura y al cabo del tiempo ya no recuerdo nada.

    Ayer hicimos uno de nuestros recorridos extraños para volver. Todo el mundo habría cogido la A-5 y en un par de horitas más o menos se habría plantado en Madrid. Nosotros no. Atravesamos Monfragüe (¡qué bajo está el pantano!) pasamos por Plasencia e hicimos una parada en Béjar. Parece absurdo, pero si digo que en Béjar están mis suegros y que hace unos meses que no ven al peque se comprende. Es parte de la cultura "céntrica". Me explico: Desde Madrid puedes plantarte en cualquier parte de la península en un tiempo máximo de 9 horas en coche. La carretera suele ser autopista por lo que se va bastante bien. No da pereza ponerse en camino, porque estamos acostumbrados a distancias en coche. Algo que para por ejemplo un burgalés o un oscense es casi impensable. Es una de las cosas buenas de Madrid. 200 kilómetros a la redonda para nosotros no es nada. Y estando relativamente tan cerca, no pasar a ver a mis suegros no me parecía buena idea. Ya estábamos en ruta, ¿qué más da entrar por la A-5 y luego coger la M-50 que entrar por la A-6? Nos desviamos un poquito, sí; pero les dimos la sorpresa y les alegramos el fin de semana con la visita inesperada, casi en plan relámpago.

    Un fin de semana completito, recarga pilas como suelo decir en el que tuvimos un poquito de todo. No me comí las migas de La Troya, pero disfrutamos de la gastronomía extremeña en el parador. Por cierto que la noche de mi cumpleaños, cenamos en uno de los claustros, a la luz de las velas, con música de fondo de saxofón y guitarra. Una delicia, un momento que no se me va a olvidar en la vida. Evidentemente nos llevamos a mi pequeñín. Sí, era un poco tarde; pero no íbamos a dejarle en la habitación o a cenar por turnos. Lloró un poquito hasta que uno de los músicos cogió la flauta y le dedicó una melodía. Se durmió como un solete y sus papis pudimos disfrutar de una cena romántica, el mejor regalo. Además, mi colon me dejó tranquila gran parte del fin de semana.

    Es una experiencia que, ojalá, podamos repetirla una vez al trimestre. Porque irse un fin de semana por ahí, salir de la rutina, dejar el "mundanal ruido" de los ordenadores, los móviles, el tráfico y la ciudad es algo buenísimo para la salud. No digo ir siempre de paradores, porque el bolsillo puede tener alguna crisis, más ahora cuando la hipoteca parece la espada de Damocles.

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  • Maga terrenal me ha invitado a una (¿o es un?) Meme sobre paraisos naturales. Como no tenía ni idea de lo que era eso (y sigo sin tenerlo muy claro, todo sea dicho) escribí en su blog, y como lo prometido es deuda, escribo ahora un post sobre mi paraiso natural. ¿O tendría que decir paraísos? Porque tengo más de un lugar donde me gustaría perderme, un refugio, un lugar de descanso, para soñar, para divertirme, que evoque recuerdos, que me haya cambiado...Y la verdad es que al tener varios, no podría decantarme por uno de ellos en particular. Cada uno ha sido importante en mi vida. Hablaré de sitios que conozco. ¿Cómo hablar de los que no conozco? Pueden ser estupendos; pero como no he estado allí, no puedo hablar de ellos. Todo depende de lo que quiera en el momento determinado para buscar mi paraíso. Antes de escribir, debo decir que mi paraíso natural está donde esté la gente que quiero, pues creo que lo que hace especial un lugar es la compañía con la que lo compartes. Ese pensamiento predispone a que me lo pase bien en cualquier lugar, los haga especiales y me quede siempre con las ganas de volver. En fin, empezaremos a hablar de alguno de ellos.

    El primer lugar que destaco es: Roma. ¡Como no! Me gané el sobrenombre de "romana" con toda la lata que dí a mis conocidos hablando de ella y por mis viajes a la Ciudad Eterna (4 en dos años, parecía que estaba buscando piso allí).Tuve la suerte de conocerla por primera vez en el 2000, cuando pasé allí la Semana Santa y después en un viaje por el Jubileo de los periodistas. A partir de ese año, he vuelto en dos ocasiones más. Roma es otro mundo. Si todos tenemos una ciudad, yo creo que la mía es Roma. Por un lado es caótica, por otro señorial, orgullosa de su historia. Roma te cautiva y, yo por lo menos, me encuentro tremendamente cómoda en sus calles, plazas... me siento libre. Tiene algo, no podría describirlo. Llevo sin ir 5 años y ya pienso en volver. La hecho en falta, no tanto lo que viví allí como lo que me transmitía la ciudad.

    El segundo lugar, para perderme y que me trae muchísimos recuerdos es Taormina, en Sicilia. No salimos de Italia, es algo normal, desde que estudié latín en el instituto la cultura clásica me apasiona. Taormina lo tiene todo para mí: el mar, cultura, una estupenda gastronomía, un paisaje de impresión y el recuerdo de que allí pasé parte de mi luna de miel. Puedes pasear por sus calles, contemplar el Etna desde el monte Tauro, descubrir Isola Bella... muchos recuerdos, muchos lugares se agolpan en la memoria. Es un lugar que descubrimos por unos amigos, hasta hace un par de años ni sabía que existía. Y mi acercamiento a Sicilia se debía a las traducciones de BUP y COU sobre el discurso de Cicerón "Ad Verrem" (si no recuerdo mal la traducción en español es "las verrinas", una traducción poco acertada, en mi opinión). Volviendo a Taormina, sí, si tuviera que elegir un lugar para perderme con mi marido y mi hijo, Taormina estaría en la lista de destinos. De hecho, creo que nadie que le apasione el mundo clásico debería perderse Sicilia en general, perderse por sus carreteras y disfrutar de su gastronomía. Y si eres amante del cine, no puedes eludir una visita a Corleone.

    Tercer destino: Granada. ¿Qué decir de la maravilla del sur? Otro viaje inolvidable. Mística, Trascendental, hogareña, festiva, tradicional... y siempre sorprendente. Por muchas palabras que emplee, siempre me quedaré corta para hablar de esa ciudad. La primera vez que fui, fue por la boda de una amiga. Una gitana me leyó la mano en la plaza de la catedral. No tuvo mucho sentido lo que me dijo en ese momento; pero el recuerdo siempre me hace sonreir. En el segundo viaje, fui con mi marido, en el puente de la Almudena, que es festivo en Madrid. Estuvimos en un hotelito encantador cerca de la plaza nueva. Tuvimos la oportunidad de ver a Rosana en directo y, es de los viajes que más he disfrutado. De la Alhambra, no voy a hablar, porque hay que verla. Nadie debería perderse la vista de la ciudad desde sus ventanas, pasear por sus jardines... echar a volar la imaginación y pensar en siglos pasados, cuando estaba en su esplendor. En la actualidad hay un Parador Nacional dentro de ella, y debe de ser una pasada despertarse en medio de la Alhambra.Algún día.

    Una playa, el mar, sería otro destino idílico. Siento dependencia por el mar Mediterraneo. Debe ser de nacimiento, al estilo Serrat. El mar me calma, me relaja, me carga las pilas y me ayuda a ver las cosas. Es una de las cosas que se echa de menos en Madrid, al menos yo lo echo de menos. Madrid sería la leche si tuviera playa (aunque en verano Madrid se confunde con Benidorm, jejeje... ¿quien no se ha encontrado con un vecino en la costa valenciana?). Cierto es que no lo estamos cuidando como deberíamos, y pienso que tarde o temprano la naturaleza nos lo devolverá. Cerca del mar he escrito mis mejores páginas, llegando a poesías y canciones. Hasta mi apodo tiene que ver con el agua. Es meterme en el mar, bucear y el silencio, el roce del agua con mi piel, la quietud lo llena todo ¿No os ha pasado? La foto es del Cabo de Gata, en Almería, donde descubrí la maravilla de tener una playa para dos personas. Las tienes de piedras, de arena, grandes, calitas pequeñas... una maravilla y un auténtico paraíso. Otro de los sitios a los que pienso volver, me quedan muchos parajes por descubrir, y hay un restaurante en Rodalquilar "El Trotamundos" que es para no perderse, allí descubrí uno de los mejores vinos que he probado.

    No puedo olvidarme de Santiago de Compostela. Del Sur me paso directamente al Norte. En vida hay un antes y un después del Xacobeo 93. Allí encontré la fe, descubrí muchas cosas de mí. Allí en el 2000 lloré como nunca lo había hecho en una iglesia, se rompió definitivamente el grupo de amigos y muchas más cosas que no quiero por ahora contar. Sé que volveré a hacer el camino y volverá a ser novedoso. He peregrinado varias veces a Santiago y nunca he caminado igual, las circunstancias han ido cambiando. Espero poder volver con mi marido y mi pequeño. No sé cuando; pero lo haremos.

    Bien, yo ya he citado varios de mis lugares favoritos. Siguiendo las instrucciones de Maga Terrenal, ahora debo invitar a cinco amigos bloggers, poniendo aquí su enlace para que nos cuenten en sus propios blogs esos lugares especiales. Así que vamos allá:

    Mamy: Seguro que tienes muchos lugares especiales. Compártelos.

    Haradwaith: Una buena amiga (bueno, es algo más), recién llegada al mundo de la Coctelera.

    Bree: Nuestra pequeña Hobbit. Siempre dispuesta a una buena conversación, aunque no sé si fumará hierba de la Comarca. Si habla en su blog de las carreteras de Yemen, seguro que tiene un paraiso natural donde perderse.

    Marly: Nuestro amigo toledano que nos puede ilustrar de paraisos manchegos, seguro.

    Trimegiania: Nuestro amigo Alberto, que tiene la suerte de vivir en uno de mis paraísos: Granada. Él puede contarnos muchas cosas.

    Para terminar, una canción especial, sobre Madrid, una ciudad que es mucho más que un equipo de fútbol o de baloncesto. Yo nací en Barcelona, pero llevo toda mi vida en Madrid, al principio en la capital y después en pueblos de la comunidad. La considero mi casa y, como ya he dicho antes, cualquier lugar donde estén las personas que quiero es un paraíso. Aquí está la mayoría de mi familia. Lo importante de los lugares es la compañía con la que se disfrutan. Aquí conocí a mi marido, aqui vivo y cada día intento hacer de esta comunidad mi paraiso. Dificil; pero no imposible. La canción es antigua, pero llena de recuerdos. El día que empiece a contar los recuerdos, me quedo sola (os aburro a todos, jejejeje)

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  • El miércoles mi marido y yo nos fuimos a dar una vuelta a la sierra de Madrid y acabamos visitando El Paular. Allí pudimos disfrutar de una visita al monasterio guiados por un monje benedictino, que no sabía muchísimo de arte; pero sí que sabía cosas de la que ha sido su casa por 50 años. Una persona que parecía un borde al principio, que fue llamando la atención de los visitantes en detalles únicos de un monasterio que en principio fue una Cartuja. Una visita después de ver El Gran Silencio, que hace percibir el silencio de forma muy distinta. Tenía mis dudas de si aguantaría, porque es una hora mas o menos de visita y si el peque empezaba a dar patadas, estar de pie sería un inconveniente. Una vez más, el peque es el centro de mi vida, quien marca lo que puede hacer y lo que no puede hacer su mamá. El grupo de visitantes era numeroso y entre nosotros había tres pequeños con sus respectivos carritos. El monje ya advirtió desde un principio que una vez empezada la visita había que continuar hasta el final y que, las mamás ponderaran si los pequeños aguantarían. También dejó muy claro que era una visita a un monasterio, no a un museo y que por tanto, quien no se sintiera capaz de estar en silencio durante una hora, que era mejor que se quedara fuera. Un par de personas no iniciaron la visita.

    Allí estábamos, a las cinco de la tarde de un dia festivo, visitando un monasterio. Ya he perdido la cuenta de los que hemos visto mi marido y yo. Lo curioso es que nos hemos recorrido kilómetros para ver monasterios en Granada, La Rioja, Navarra, Castilla y León; pero uno de los que teníamos mas cerca, en Madrid, no lo habíamos visto. Yo pude verlo en una excursión a la nieve con la parroquia hacía unos años; pero él no lo había visto nunca. Siempre ocurre lo mismo, Recorres muchos kilómetros para ver cosas, cuando lo que tienes cerca no lo conoces. Valoras mas lo que está lejos, que lo que está a mano. Vamos a una nueva ciudad y hacemos fotos a las cosas que nos llaman la atención. En la nuestra, vamos como zombis, sin mirar, acostumbrados a un camino, buscando nuestra meta sin contemplar lo que hay a nuestro alrededor. Pienso en la de veces que mi marido y yo hemos dicho que teníamos que coger un dia la cámara y fotografiar Madrid. Pero como está cerca, nunca lo hacemos.

    La visita estuvo muy bien, a nivel de arte mucho barroco y a nivel espiritual mucha paz. Mi pequeño sólo se movió al final de la misma. Y es que el miércoles, dia festivo que no sagrado, era uno de los pocos dias en el año en que no era fiesta religiosa, con lo que no había iglesias engalanadas, ni horario de misas especial. Era un dia normal para los monjes, un dia de fiesta para los seglares, sin trabajo, para vivirlo en familia tranquilamente. En el monasterio pudimos comprar un libro sobre el mismo y su magnífico retablo, un imán para la nevera (una tradición) y también unas pastas variadas de un monasterio cisterciense de Toledo que están para quitarse el sombrero. Sin nada de producto artificial, las pastas son una verdadera delicia y hacía mucho que no comía algo tan bueno. Se nota que están hechas poniendo todo el cariño y que son artesanales. La verdad es que no nos fijamos en el precio. Me pregunto hasta qué punto se puede medir económicamente el esfuerzo de unas monjas haciendo dulces para mantener su monasterio y su vida. Después de pensarlo un poco, el precio de la caja me pareció barato. Después de probarlas, me recordaron a las clarisas de Trujillo, para mi, la mejor reposteria monacal de España. Si no se puede ir, una buena opción es visitar EXPOCLAUSURA una exposición y venta de productos hechos en monasterios de clausura que empieza mañana y termina el 17. El año pasado nosotros fuimos y, aunque me agobié con tanta gente, reconozco que me pareció una buena idea en un sitio pequeño.

    Volviendo a nuestro miércoles, después de la visita y de llenar el depósito del coche, compramos un poco de comida y nos decidimos a volver a casa por el puerto de Cotos y el de Navacerrada. Nos ahorrábamos kilómetros y de paso veíamos un paisaje diferente. Y es que, es una de las cosas buenas de los planes improvisados. En la maoyoría de los casos, siempre salen bien. Nosotros sabíamos que íbamos a salir esa tarde; pero no había mas plan que ese. El lugar donde iríamos, lo que haríamos era una incognita, algo que íbamos decidiendo sobre la marcha. No esperábamos nada de una tarde normal y nos dejamos sorprender de un tiempo en el que, como siempre, lo mejor era la compañía. Yendo juntos y sin prisa, seguro que terminábamos contentos. La carretera estaba limpia y pudimos ver la nieve, mientras íbamos ascendiendo. Es la primera vez en este año que veíamos la nieve y, no nos paramos porque hacía una temperatura de -2º. Acabamos parando en Navacerrada pueblo, tomando un chocolate con picatostes en el restaurante Los Robles , un sitio que encontramos de casualidad y que nos dejó un estupendo sabor de boca. Lo curioso es que allí nos encontramos a un compañero de trabajo. Casualidades de la vida y una sorpresa porque, como ya he dicho antes, íbamos improvisando lo que hacíamos.

    Terminamos la tarde, volviendo a casa, cansados pero felices porque había aguantado una tarde casi a ritmo normal, lo que es una proeza para una embarazada de baja como yo. Encantados y pensando que los planes así, un poco definidos y un poco a la aventura es cuando mejor salen las cosas. Un día normal que terminamos haciendo especial y que recordaremos bastante tiempo.

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  • El año pasado, para el puente de la Almudena, tuve la oportunidad de ir a un concierto de Rosana en Granada. Fue una recarga de pilas y un poder descansar lejos de las obligaciones cotidianas. Mi marido y yo intentamos encontrar entradas para Madrid y nada. Probamos con Barcelona y menos. Pero para Granada tuvimos suerte, así que nos buscamos un hotelito y reservamos esos dias para ver Granada y disfrutar de una de las mejores cantautoras de España. El hotelito lo encontramos en el Albaycin, el palacio de santa Inés, una habitación duplex, en un lugar impresionante, cerquita de la Alhambra y mas cerca todavía de la Plaza Nueva. Al poco de llegar, ya tuvimos la sensación de que hacía semanas que habíamos salido de Madrid. A veces nos asombra nuestra capacidad de desconectar. Imagino que debe ser porque nosotros entendemos las vacaciones desde el mismo momento en que salimos del trabajo, lo que hace que disfrutemos del viaje, sin pensar tanto en que tenemos que llegar al sitio determinado. Los dos por separado ya habíamos estado en Granada, conocíamos los lugares turísticos. Se puede decir que tanto el concierto como el viaje era una excusa mas para salir de Madrid unos dias, de estar solos transcurridos unos meses de la boda y de poder ver cómo estaba el proyecto que es nuestro matrimonio. Y es que estar en casa es genial, y la familia es una pasada; pero a veces hay que salir de lo conocido y estar con tu pareja en un sitio distinto a lo habitual. Se descubren cosas que con el quehacer cotidiano no puedes percibir.

    Fuimos con el único plan fijo de asistir al concierto y de ver la Alhambra. Los dos la habíamos visto anteriormente; pero los sitios tienen un encanto especial cuando los visitas con la persona que amas. La subida a la Alhambra me costó un poquito, menos de lo que pensaba, se notó el tiempo en el gimnasio fortaleciendo mis rodillas. Y una vez en ella, la verdad es que borró todos los recuerdos que tenía, descubriéndose como un sitio mágico. Dimos un paseo, dejando las fotografías a un lado, abrazados como cuando éramos novios, hablando de todo y de nada. Dando gracias de no haber tenido entradas para Madrid y por esos dias que aún nos quedaban. Por supuesto que hicimos un buen reportaje fotográfico; pero estando pendiente siempre el uno del otro.

    A la bajada nos tomamos una cerveza y una tapa mientras pensábamos donde comíamos. Siempre en nuestro plan, es decir, comer pronto para encontrar sitio y después aprovechar que la gente está comiendo para pasear mas tranquilamente. Nos pateamos la ciudad, descubriendo sitios nuevos, lugares para recomendar y lugares en los que dejamos un poquito de nosotros. Cada uno iba hablando de los sitios que habíamos visto cuando fuimos a Granada antes de conocernos, enseñándonos los sitios que nos gustaron en los viajes anteriores. Siempre recorriendo la ciudad a pie, que es cuando mejor se descubre, perdiéndose por las calles, entrando en contacto con el latir de la ciudad, ajena a la visión del visitante, en su rutina diaria. El coche se quedó aparcado cuando llegamos y sólo se movió para volver a Madrid.

    Lo bueno de ir sin planes prefijados es que el tiempo parece que se aprovecha de otra forma, se disfruta lo que vas viendo a cada paso. Te paras en mercadillos, en puestos de libros, entras en sitios que parecen tugurios, descubres el latir de la ciudad, a pie, desde la calma de un visitante, que no tiene rumbo fijo. Recuerdo muchas calles, muchas conversaciones que aquí no voy a poner, porque el texto se haría más largo de lo normal, y porque eso queda en la intimidad de mi marido y yo. Y paseando, llegamos al lugar donde era el concierto, que parecía lejos de nuestro hotel y luego eran diez minutos andando.

    ¿Qué contar del concierto? Pues que fue una pasada. Empezó Rosana sola con una guitarra e iluminada por una sola luz. Poco a poco fue haciendo repaso a su disco "Magia" y su repertorio de siempre. Hubo dos canciones que no me sabía, que no había oído nunca: "Besos" y "Quiéreme". Recuerdo que estaba sentada en la butaca del teatro, con mi mano cogida a la de mi marido, medio abrazados y pensé que era difícil decir mejor que esas canciones lo que yo sentía por él. Si alguien no las ha oído, le recomiendo el disco "Marca registrada" donde se encuentran en el concierto del CD2, o que busque las letras en la página web de Rosana. Fue un concierto con magia, que disfrutamos los dos y donde una vez mas, lo especial del momento lo daba la compañía. Porque cualquier sitio es especial, si vas con la persona a la que amas. Y cualquier momento desprende magia si lo compartes con la persona a la que amas. Y eso se puede vivir, siendo novios o estando casados. Los lugares son eso, lugares; pero la visión y el recuerdo que tenemos de ellos van unidos a las personas que los contemplaron con nosotros.

    Yo recuerdo con mucho cariño ese viaje, donde casi me quedo afónica de cantar, porque lo viví con la persona a la que amo. Eso no me saca de la realidad, sino que hace que la afronte de una forma distinta. Y el viaje de vuelta, con todos los discos de Rosana en el cargador de CD's, cantando en el coche, dedicándonos las canciones el uno al otro. Es como si no existiera nadie mas, como si esas canciones fueran para nosotros, sobre todo la de "Quiéreme" y unos párrafos que no me resisto a poner aqui, que me sé de memoria y que son especiales:

    Yo te quiero, porque sobran las razones,
    porque el alma si no estás se queda en cueros.
    Yo te canto en un puñado de canciones que Te quiero.
    Yo te juro que hay promesas para siempre.
    Yo prometo no cansarme de quererte.
    Yo no sé vivir sin tí, no sé ni puedo, yo te quiero...
    yo te quiero, veneno que me des veneno bebo.
    Yo te quiero, no busques ni motivos ni porqués.
    No quieras que te deje.
    No me dejes de querer.
    Con lo mucho que te quiero, quiéreme.
    Yo te juro y jurar me está prohibido,
    que te quiero y desde siempre te he querido,
    porque no hay amor sin ti ni Dios sin cielo,
    yo te quiero.

    Descubriendo una forma de vivir optimista, hasta en los malos momentos. Porque juntos, podemos con todo, juntos todo merece la pena, juntos siempre se cumple la frase de:

    triunfo total, éxito sin precedentes

    pues nuestra fuerza reside precisamente en nuestra unidad, en escucharnos y vivir todo lo que nos supera unidos. Así, cada viaje es una aventura y cada día merece la pena. Se vive el presente con magia, con alegría y sin miedo. El miedo se vence hablando con el otro. Haciendo que todas las cosas giren a nuestro alrededor, donde decir "gracias" tiene sentido porque el otro no está obligado a estar conmigo, sino que lo hace porque le da la gana, que es el motivo mas sobrenatural para hacer las cosas. Ojalá todo el mundo pueda vivir una historia de amor y felicidad como la que tenemos mi marido y yo. Una historia que nos da una estabilidad, una tranquilidad y un vivir intensamente que es una gozada. Y que me hace afortunada, incluso en los momentos duros.

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