Ya no es sólo una Aspirina o un paracetamol lo que se adquiere en las farmacias. Los laboratorios se vuelcan en píldoras para la impotencia, la alopecia, el exceso de peso y la depresión. La sociedad quiere resultados inmediatos para mejorar las relaciones sociales, el rendimiento sexual, superar situaciones de estrés, perder peso, ganar pelo o, simplemente, no tener resaca al día siguiente de una noche de borrachera. Estos fármacos, denominados «píldoras del bienestar» o «píldoras del estilo de vida» están dirigidos, principalmente, a las personas sanas o que no padecen una dolencia grave. Realmente no curan, pero hacen la vida más fácil a miles de personas del primer mundo. Se espera que el consumo aumente y que en 2010 la sociedad se gaste 40.000 millones en pastillas que no eliminan enfermedades.
La lista de medicamentos de estas características es cada vez más larga. Dejar de fumar, paliar el acné, combatir los síntomas del jet-lag, e intentar perder peso son algunos de los objetivos de algunas de las píldoras que más vendidas. El Prozac y el Seroxat son antidepresivos, pero sin duda una de las pastillas más famosas para el bienestar de las personas es la Viagra. Para combatir la disfunción eréctil, además de la píldora azul, existen otras como Uprima, Cialis y Levitra. En un mundo en el que el físico es cada vez más importante, estas píldoras no hacen más que satisfacer las necesidades del consumidor. Los expertos constatan que la industria no tiene armas para frenar la resistencia a los antibióticos de la tuberculosis y que las multinacionales farmacéuticas son incapaces de desarollar remedios para el cáncer. Mientras tanto, un adolescente lo tiene muy fácil para acabar con sus complejos a golpe de pastillas.

Fuente: La Razón, 14/7/07

Comentario

El otro día estando en casa con una de mis compis de piso, me decía "ojalá inventaran las pastillas para comer, y no habría que cocinar". Ante lo que yo la comenté, de eso nada... pastillas ni para comer ni para ser feliz, ni para nada. Y ahora mirando los periódicos (he seguido haciéndolo aunque no metiera noticias en mi otro blog) leo esto en La Razón. "Cada vez necesitamos más pastillas". ¿Necesitamos cada vez más pastillas realmente? O que es lo que no queremos afrontar? Una pastilla te da realmente la felicidad? Creo que lo más idóneo es si te las has comprado las tires por el retrete, tal y como hacía una de las actrices en la película "Amor, curiosidad, dudas y prozac" de Lucía Etxebarría. Si no te sientes a gusto con tu vida, afróntala, piensa, sueña, decide, toma decisiones, cambia, reinvéntate.. pero para eso no te hacen falta las pastillas, y quien te diga que sí, MIENTE!!.

Hablo con conocimiento de causa, yo tomé pastillas una vez, recetadas por mi psiquiatra ante la fuerte depresión que tenía (allá por principios del 2003, no me había muerto como yo pensaba y vivir se me hacía totalmente cuesta arriba). Y que generaban en mi las pastillas? - Pues un profundo sueño, sólo dormía y cuando estaba despierta, en alguna ocasión, lloraba.. Es decir, que feliz, lo que se dice feliz no me hacían, y no me ayudaban tampoco a enfrentar mi depresión... A lo que si le añadimos que yo nunca había sido partidaria de tomarlas, pues decidí de mi mano mayor dejar de hacerlo. Fui donde mi médico y le dije que no tomaba una pastilla más, que si tenía que llorar, lloraría, que si tenía que enfrentar mi vida, lo haría, pero que prefería hacerlo sin pastillas. Y así fue, tras un momento malo, volvió a salir el sol.

Después de todo que nos queda? Más higea y menos pastillas