Las presentaciones nunca se me dieron bien. Hoy empiezo con mi primer blog después de un tiempo sin escribir nada, y sin tener ganas para hacerlo.
Lo empiezo en un momento de bajón pero poco a poco lo iré dando forma. No sé por qué me he decidido a tener un blog, ni si seguiré escribiendo aquí. Precisamente hoy.
Hoy que en mi reloj particular, ése que no llevamos atado a la muñeca, y que me indica si los días son buenos o malos según pasen más o menos deprisa, ha entrado el otoño. Y se ha inaugurado, levántandome, como de costumbre algo antes de las 7, cuando el cielo bosteza nubes aún oscuras.


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