Sabía q no ibas a estar y, sin embargo, acudí. Tu cuerpo permaneció en el mismo sitio de siempre. Inerte, abocado al precipicio de unos labios desdibujados por el frío. Desde que empezaste a hablar, esbozando palabras sin sentido, comprendí que había sido un error empeñarme en verte. Lo sabía. La locura no m deja pensar... Perdóname...