Los tres cochinitos
Janet Marilyn Hernández
Había una vez un hermoso litoral donde el sol brillaba con más esplendor que en cualquier otro rincón de la tierra, donde la arena dorada se escabullía calentita entre los pies de los niños descalzos, donde el mar golpeaba las rocas para acallar los cantos de las traviesas sirenas.
Una gran montaña separaba ese lugar de un valle majestuoso que se tendía al otro lado. Allí, la gente vivía a toda prisa y el ruido de los carros era el canto más frecuente, junto a los repiques de teléfonos celulares y tacones que a paso veloz dejaban las huellas de las elegantes damas.
Como en el valle se hacían muchas cosas importantes para todo el país y en el hermoso litoral la gente se divertía, los señores que mandaban en todo el territorio decidieron unir los dos lugares a través de un monumental puente que pudiera cruzarse en carro en sólo 20 minutos.
Así, el Primer Cochinito –que era uno de los señores que mandaban en el país- construyó un viaducto de concreto armado que duró por muchos años, mientras el Lobo de la Basura ayudaba a sostenerlo o, tal vez, quería derrumbarlo.
Sin embargo, ese viaducto estaba hecho de pilares huecos, porque el Primer Cochinito quiso que se hiciera rápido y las piezas fuesen livianas para importarlas con mayor velocidad. Entonces cada vez que llovía el viaducto se agrietaba un poquito, hasta que se le hicieron grandes troneras y pareció que iba a romperse.

Asustados, otros cochinitos intentaron remendarlo contratando ingenieros y toda clase de especialistas en construcción que pudieran remendar el puente, pero el Lobo de las Vaguadas y el peso de los vehículos, además del Lobo Constructor de Ranchos sopló, sopló y sopló hasta que el Viaducto I se partió por la mitad.
Entonces, el Cochinito de la Quinta –conocido así por su casita- contrató al Lobo de los Explosivos para terminar de tumbar el viaducto roto y, luego de varios intentos, consiguió remover por completo los restos del puente.
Claro que para no dejar incomunicados el valle gigante del hermoso litoral, el Cochinito de la Quinta hizo construir un paso provisional conocido como la trocha, pero lo hizo sin quitar bien los escombros del viaducto y con las lluvias los restos del extinto puente tapiaron el sendero de emergencia.
Movido por su orgullo, el Cochinito Asistente –que es un ayudante del Cochinito de la Quinta- dijo que la trocha no colapsó y que el cierre fue intencional, que no es cierto que el Lobo Tierrúo sopló y sopló los escombros hasta que el tierrero cayó encima de la vía impidiendo el tránsito.
Mientras tanto, el Cochinito de la Quinta insiste en que para el primer trimestre del año que viene existirá un nuevo viaducto. No obstante, son tantas las veces que ha dicho que viene el lobo, que ya no le creen que viene… Bueno, en realidad esa parte es de otro cuento, pero igual, con el tema del viaducto: Amanecerá y veremos.


jhonny dijo
hola amigos saben estas super el cuento de lostres cochinoitos y el lobo ferros me encanta saben quisiera que me enbien un videos a mi correo de seanjhon48hrs@hotmail.com por favor les rogaria les saludo muy atentamente el alf. jhonny
26 Mayo 2007 | 02:04 AM