Hermógenes a la Presidencia
La inscripción de más de 20 candidatos en un día pareció motivar a todos mis panas. Primero fue Rogelio, ahora es Hermógenes quien aspira llegar a la silla de Miraflores
Janet Marilyn Hernández
Cuando le conté a Hermógenes la locura de Rogelio, no pensé que él le seguiría los pasos. Juntos nos burlamos de sus complejos monárquicos de hacerse llamar príncipe, barón, conde, duque y otros títulos por el estilo. Juntos nos burlamos de su decisión de ir hasta el CNE en burro para que la gente lo asociara con Jesús de Nazaret. Y asimismo, juntos, criticamos cada ocurrencia absurda de Rogelio, así como su repentina y obsesiva intención de alzarse con la Primera Magistratura.
No obstante, como si de ántrax o gripe aviar se tratara, a Hermógenes se le ocurrió lo mismo. De un día para otro y sin usar comodines, mi amigo, “el maracucho”, como todos le decíamos, se antojó de enfundarse la banda presidencial y no hubo quien detuviera sus pensamientos absurdos con respecto a su supuesto plan de gobierno…

-Mirá mija, vos tenéis que entender que este pueblo lo que necesita son cupones, vales, tickets de todo tipo. Aquí la gente lo que necesita es que la vida se le haga fácil y pa´eso es que sirvo yo. Yo a esta gente le pienso dar tarjetas pa´que compren ropa de marca, champú, muebles, computadoras, porque esa es la realidad del venezolano: el pueblo tiene hambre, chica.
-¿Hambre? –Pregunté con cierta malicia- Hermógenes, tú nombraste ropa, champú, peroles… Pero en ningún momento hablaste de comida…
-Vai, pué… ¿Vos creéis que la gente quiere comida? Si ya tienen los tickets de alimentación y las bodegas populares del actual gobierno y se siguen quejando, es porque tienen hambre pero quieren tener cosas modernas. Mirá, mi plan de gobierno se llamará “Un ipod por venezolano” y vos vas ver cómo toditos me siguen…
¿Un ipod por venezolano? ¿Qué clase de gobernante ofrece eso? Decidí callar porque recordé la manera como Rogelio me noqueó verbalmente cuando intenté disuadirlo de optar por la presidencia. No quería que Hermógenes se enojara, porque era un tipo apacible en condiciones normales, pero que al ser molestado se convertía en el Can Cerbero, aquel perro mitológico que con sus tres feroces cabezas resguardaba las puertas del infierno.
“Así como me lo estáis oyendo, prima. Vos vas a ver que votan por mí cuando les compre el voto. Y como ya sé que me lo vas a preguntar, el voto se los pienso comprar yendo a cada sector de cada ciudad regalando cartones de lotería, tickets para comer en franquicias gringas, discman. Y con rifas… les voy a dar tickets para rifas.

Van a funcionar así: yo voy de visita a la parroquia y les doy el ticket pa´la rifa. El sorteo se realizará al finalizar mi mitin y los premios serán televisores, Barbies pa´las niñas, ejemplares del Kama Sutra ilustrado, videos porno, tickets de Metro o del bus, viajes Caracas-Maracaibo, Maracaibo-Caracas, ida y vuelta y viceversa, pa´que la gente haga turismo. Así vos verás que mis mítines serán los más llenos. No como Rogelio que es un lambucio que disfraza sus mítines de obras de teatro pa´que la gente le pague por verlo”.
Entonces, comprendí que estaba en medio de un peligrosísimo deja vu: ya había vivido los momentos en que uno de mis amigos, conocidos desde mi más tierna infancia, se embarcaba en el sueño de hacerse Presidente y lo hacía con un plan jalado por los pelos, pero que con o sin mi apoyo pondría en marcha…

-Ay, Hermo… sinceramente a mí no me parece bien eso de lanzarte regalando cosas a la gente. Eso es parte del Estado paternalista que nadie quiere. Además, estarías pasado de moda aunque regalases el ipod más moderno… ¿No ves que siempre los políticos prometen o regalan cosas cuando están en campaña?
-Mija, cómo se ve que vos nacistéis pa´casarte y tener ocho muchachos y quedarte en la casa viendo televisión. No sabéis nada de cómo es el mundo… Primero, que yo haré mi propia lista Tas-con-migo y así cuando gane, a los que votaron por mí les regalaré un año de llamadas a la línea caliente, Internet banda ancha y taxi gratis. Y, ¿pasado de moda? Estás loca. Lo que pienso hacer es ponerme moderno y presentarme al CNE bailando reggaetón…
-¡Bailando qué? –Exclamé incrédula y asombrada a la vez.
-Reggaeton, mija. No todo en la vida es el joropo horrendo que tú escuchas, ni las gaitas que yo me calo en Maracaibo –dijo Hermógenes en tono sumamente despectivo-. Reggaeton es lo que la gente oye y lo que yo tomaré como himno de mi campaña.
Antes de que pudiera preguntarle qué letra del reggaeton podría usar sin echarse encima a cuanta asociación feminista existe en el país, Hermógenes se levantó de la silla donde más que sentado había estado echado, se desabotonó la camisa hasta la mitad, se quitó la correa y se subió a la silla meneándose extrañamente…
-Ya, sí sé qué es reggaeton, no me vayas a hacer un striptease aquí, Hermo, que tú eres demasiado horrible –dije intentando detener el circo que estaba a punto de ver. Sin embargo, él comenzó a cantar…
-Atrévete-te-te-te-te-te-te-te, salte del closet, quítate el esmalte, destápate-te-te-te-te-te-te –cantaba Hermógenes mientras lanzaba latigazos con la correa y yo intentaba esquivar los golpes de la reluciente hebilla.
