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¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

16 Agosto 2008

¿EN QUÉ CONSISTE LA VERDADERA HISTORIA?

A la vista de los dos anteriores artículos sobre la eidética astral, la historia no es sino la proyección del estatismo eidético en una sucesión temporal en la que los "hechos" o "acontecimientos" nos remiten, por un lado, a las "esencias" o "Ideas" y, por otro, al ámbito de la eternidad. Al primero, como esfera propia del espíritu, que tiende a la unidad, más allá de la fragmentación de la existencia material y corpórea; al segundo porque, no pudiendo el espíritu elevarse por sí mismo (tras la caída) a semejante altura, la redención universal operada por Cristo hizo posible esta ascensión.

¿Es posible entonces un saber acerca del ámbito de la eternidad? No, en el sentido habitual y "natural" del vocablo, sí, en su acepción "sobrenatural", es decir, a la manera de una revelación privada, siempre sujeta a la interpretación autorizada del depósito de la fe. Se trata siempre de un don divino, sólo comprensible para quienes lo poseen y para quienes gozan del discernimiento de espíritus. No es posible apoderarse de tales dones; a lo sumo cabe "disponerse" a recibirlos, como diría Santa Teresa. En cualquier caso, la apertura a una interpretación de los acontecimientos o de los símbolos que nos permiten comprenderlos en clave sobrenatural es lo único que cabe hacer a este propósito.

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16 Agosto 2008

¿ES POSIBLE LA SIMULTÁNEA CONJUNCIÓN DE ESTULTICIA Y MALDAD?

Cuando examinamos los dichos más o menos célebres que sostienen la incompatibilidad de ambas, tales como el de La Rochefoucauld (“Prefiero los malvados a los tontos: al menos descansan alguna vez”), “echamos de menos” ese tipo de maldad que no va unida a la estulticia. Los nuevos tiempos parecen haber demostrado que ambas pueden concurrir a la vez en un mismo sujeto, suceso hoy, por desgracia, cada vez más trivial.

Ante calamidad tan enorme, el reflexivo no puede dejar de preguntarse al modo kantiano por las “condiciones de posibilidad” de semejante suceso: ¿Cómo es posible un necio malvado o un malvado necio? ¿Quizá de modo alternante, es decir, de manera que un mismo sujeto es necio para unas cosas y perverso para otras?

Esta solución plantearía no pocos problemas, que se resumen en uno: cómo conciliar los campos de la necedad con los ámbitos de la maldad de manera que todavía podamos seguir hablando de “un” sujeto. Así, al hablar de la jornada “normal” del “trabajador de un crematorio”, Max PIcard observa espantado cómo en la vida de éste pueden unirse hechos tan heterogéneos como ir de compras, asistir a la Ópera o felicitar a sus amigos en su onomástica, aparte de sus actividades cotidianas en el crematorio.

Por eso conviene definir bien los términos. Acostumbrados como estamos a identificar necedad con simple ignorancia, la conjunción a que aludimos en el encabezamiento resulta imposible. No así cuando consideramos al necio como lo que es: uno que no sabe, y no sabe que no sabe. Imposible, por tanto, enseñarle nada.

Para semejante sujeto, que no tiene conciencia de sus límites, la maldad es como una segunda naturaleza: atrincherado en su resentimiento y situado de una vez por todas en su no saber, ha alcanzado un punto de no-retorno, de manera que, contemplado desde su propia perspectiva, su no saber se convierte en un saber absoluto y sin límites. Lo que dice La Rochefoucauld sobre la índole del necio adquiriría entonces una gravedad pasmosa, cualquiera que sea el ámbito en que se ejerza.

Señala el Salmo; “Dijo el necio en su corazón: no hay Dios”. La terrible obnubilación de la inteligencia que es la necedad comporta la depravación de la voluntad. Se puede ser ignorante de esto y lo otro, lo cual no conlleva ningún tipo de maldad. Se puede ser malo por contravención de este o aquel mandamiento, y ello no implica necedad en el sentido radical antes señalado. Pero no se puede ser necio sin ser perverso.

Viene a la memoria la tesis de Platón según la cual el mal procede de la ignorancia. Ahora bien, en el contexto de que hablamos y sin entrar en dilucidaciones más precisas, la mencionada tesis admite una interpretación radical, en el sentido de que la maldad más profunda es la que va acompañada de la necedad, hasta el punto de que casi se identifica con ella. Naturalmente, estamos hablando de la serie de los actos en los que se manifiesta (aunque sólo hasta cierto punto) un yo moral de cuyos ocultos entresijos no podemos ni debemos juzgar.

El “Génesis” habla del “Seréis como dioses”, la tentación diabólica que presenta al hombre la posibilidad de de “situarse más allá del bien y del mal” o, lo que es igual, de “obrar el bien o el mal” según convenga y al albedrío de las circunstancias.

Pues bien, desde que Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios, la necedad crece de manera exponencial al igual que la sabiduría, y la perversidad a la vez que la bondad , como se nos dice en la parábola del trigo y la cizaña.

“El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Ap 22,11).

A medida que uno avanza en la experiencia de la vida, la constatación de semejante “crescendo” nos lleva de pasmo en pasmo, a no ser que el crecimiento simultáneo de la fe nos dé fuerzas para comprenderlo. No en vano Juan Pablo II aludía a los diques o barreras que Dios ha puesto al desencadenamiento del mal. “De no abreviarse aquellos días…”, dice el Apocalipsis. Por lo demás, los maestros espirituales nos exhortan a no explorar las profundidades del mal y a renunciar a toda curiosidad al respecto.

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16 Agosto 2008

SÍMBOLOS ASTRALES Y CATEGORÍAS DEL SER

PLANETAS Y DEMÁS FACTORES MÓVILES

Sol.........."esencia", centro, unidad, sentido, fondo.

Luna........."forma", periferia, pluralidad, apariencia.

Mercurio.....mente, idea, verbo.

Venus........atracción, armonía, equilibrio, amor.

Marte........impulso, afirmación, fuerza activa.

Júpiter......expansión, protección, organización.

Saturno......contracción, cristalización, estabilidad.

Urano........reactividad, ruptura, autonomía.

Neptuno......fusión, dependencia, identificación, disolución.

Plutón.......compresión, energía primordial, núcleo

Quirón.......fuerza transformadora sutil.

"Cab.Dra"...."forma" que asciende hacia el "fondo".

"Col.Dra."..."fondo" que desciende hacia la "forma".

"Sol neg."...máximo alejamiento del centro, de la "esencia".

"Col.S.neg.".máxima proximidad al centro, a la "esencia".

"Lun.neg."...máximo alejamiento de la "forma".

"Col.L.neg"..máximo acercamiento a la "forma".

SIGNOS ZODIACALES

Aries........impulso, "sujeto", principio.

Tauro........acumulación, estabilización.

Géminis......dualidad, versatilidad, proximidad.

Cáncer......."vida", "germen", "protección".

Leo..........yo, centralización, poder.

Virgo........disponibilidad, conservación.

Libra........emparejamiento, alteridad, equilibrio.

Escorpión....muerte, renacimiento, crisis.

Sagitario....movimiento, trascendencia, lejanía.

Capricornio..universalización, logro, poder.

Acuario......anticipación, renovación, utopía.

Piscis.......fusión, identificación, fin.

Así, pues, nos encontramos con dos tipos de símbolos: los fijos y los móviles, el "escenario" y los "actores". El primero es de índole espacial o sincrónica, el segundo se caracteriza por su condición temporal o diacrónica.El primero se mueve justamente en el campo delimitado por el primero.Este se constituye por una polarización y jerarquización al margen del tiempo, en tanto que aquel introduce el movimiento y, por consiguiente, el tiempo.Cualquiera de ellos es mensurable por el número, cardinal y ordinal; pero el primero sólo admite una jerarquización ontológica, mientras que el segundo supone un orden temporal:el ordinal tiene, pues, diferente aplicación en uno y otro caso.Es verdad que los factores móviles también pueden entenderse en sentido estático, pero esto vale sobre todo para las órbitas en las que se mueven, que simbolizan otros tantos planos de existencia.

Y es que la noción de "ciclo" viene determinada por un invariante(como es el zodíaco), en cuanto recorrido por un factor móvil; de no existir dicho invariante, el tiempo no sería la "imagen móvil de la eternidad".En efecto, si la eternidad no tiene principio ni fin(de ahí su representación circular), el tiempo, en su condición de "imagen de la eternidad", puede ser figurado por una línea que trata de "concluir allí donde empieza", sin llegar a conseguirlo jamás, es decir, por una espiral de revolución.

Ahora bien, si semejante intento está, por definición, destinado al fracaso, ¿cómo concebir el acabamiento del tiempo, tal como viene postulado en la tradición cristiana? No puede ser de otro modo que como una participación de la eternidad. Es decir, si el tiempo, abandonado a sí mismo, es incapaz de volver al punto de partida, se hace necesaria una transformación tal del decurso temporal, que éste, sin dejar de ser lo que es, a saber, una sucesión o, en todo caso, un eón inagotable, se abra a la dimensión eterna. Así, de un modo análogo a como la gracia transforma la naturaleza sin destruirla, la eternidad asume la temporalidad sin destruirla.Y, puesto que "la vida eterna está ya dentro de vosotros", la vivencia cristiana del tiempo no puede ser la misma que la de un no cristiano. Bien es verdad que la existencia cristiana es un intervalo entre el "ya" y el "todavía no"; pero ello implica cuando menos una relativización del tiempo, que, en adelante, ya no puede ser descrito mediante símbolos exclusivamente ligados a la sucesión.Por consiguiente, el célebre adagio "Astra inclinant, non necessitant" ha de interpretarse como un reconocimiento de la temporalidad caída y redimida, es decir, como un restablecimiento incipiente de la condición adámica, que, no por estar vinculada al tiempo, deja de estar abierta a la eternidad.Por tanto, los aspectos astrales, aun describiendo una situación humana, no agotan en modo alguno el ser de una persona,que, en su condición de imagen divina, participa de la eternidad desde el momento de su conversión a Cristo.

Semejante visión de las cosas transforma toda interpretación ceñida a la temporalidad y le añade una referencia "vertical", una dimensión escatológica que le otorga un nuevo sentido. De este modo, cualquier símbolo astrológico se convierte en "soporte de la eternidad", de manera que todo lo significado por él queda subsumido y transfigurado en el ámbito divino.

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16 Agosto 2008

PARA UNA EIDÉTICA ASTRAL

De la misma manera que un ente concreto, dotado de materialidad, es susceptible de ser analizado en su tema astral, también una idea, doctrina o intuición puede esquematizarse mediante símbolos.Por otra parte, hay que distinguir entre la estructura del universo y su génesis.Por un lado, los símbolos planetarios y zodiacales constituyen el ámbito de las "Ideas", es decir, los factores básicos que nos permiten comprender el mundo y el fundamento de nuestro lenguaje.Los entes que componen el universo no son inteligibles al margen del lenguaje, y el lenguaje supone un alfabeto, ya sea el de las letras, el de los números o el de los símbolos en general.Y es que, por diversos que parezcan, todos ellos desembocan en una serie de "Ideas" elementales, sintéticas.¿De dónde proceden?

Tanto si las consideramos previas a las cosas(como en Platón), como si las entendemos como deducidas de ellas por abstracción(Aristóteles), lo cierto es que están relacionadas con el Intelecto, bien sea en cuanto capaz de intuirlas, bien en cuanto dotado de la facultad de abstraer.Hay que señalar que las "Ideas" a que nos referimos son muy pocas, y esto introduce la noción de "número", inseparable de la descripción del mundo de las "Ideas".En el caso de la astrología, nos encontramos con 12 elementos(si se trata de signos) o con 7(si nos referimos a los planetas tradicionales; 12, si se incluyen también los nuevos); si hablamos de letras, el número no sube, por lo general, de 27 ó 28; en cuanto a los números mismos, tomados como significadores, no suben de 10.Y, en cada caso, el significado global de la "estructura" viene dado por el del cardinal de sus elementos, y el de cada uno de ellos, por su número de orden dentro de la misma.La intuición de los números se hace, pues, indispensable para una comprensión rigurosa del mundo de las "Ideas".Y cada número representa, por así decirlo, un nivel de la intuición.

¿Qué realidad posee dicho mundo y a qué nivel se sitúa? Para contestar a la primera pregunta hay que distinguir varios grados de "realidad".Evidentemente, las "Ideas" no tienen realidad en el mismo sentido que las cosas concretas.Pero la distinción va en el sentido de que aquéllas son "simples" y éstas, "complejas": una cosa no es sino la "síntesis" de muchas "Ideas", desde las más abstractas a las más concretas.Cuando mentamos a Juan, nos referimos a la adición: "ente"+ "viviente"+"animal"+"racional"+"europeo"+etc., en donde cada uno de los predicados del sujeto "Juan" es una "Idea".Y aquí hay que distinguir entre las más elevadas, que corresponden directamente a los símbolos astrológicos, y las que siguen, derivadas de dicho simbolismo en su aplicación a niveles más bajos.A saber, tanto la "idea" de "viviente" como la de "animal" admiten una estructuración o esquematización basada en los símbolos astrológicos.

Pues bien, retrocediendo hasta las "Ideas" primordiales, nos encontraremos con la de "unidad"(el número 1),característica del "ser" en general, y la de "pluralidad"(los demás números),típica de la globalidad de los entes.La idea de "unidad", que se aplica al macrocosmos, tiene su reflejo en la "unicidad" de cada uno de los microcosmos; por su parte, la idea de "pluralidad", que designa la totalidad de los microcosmos que componen el macrocosmos, halla su expresión en la multiplicidad de los predicados que "componen" el sujeto microcósmico.

Ahora bien, hasta ahora nos movemos en el campo de la "eidética", es decir, en el de las idealidades que sirven de modelo a la realidad concreta y la organizan o re-crean por el pensamiento.Pero esta "eidética" postula el ámbito de la "teología" en cuanto origen de este mundo ideal y del concreto.Viene a nuestra memoria el Bien de Platón y su analogía con el Sol del mundo sensible: el acto de ver implica no sólo el ojo que ve y el objeto visto, sino también la luz.Con lo cual el pensamiento platónico, que parecía inspirarse únicamente en los números para concebir las "Ideas", se apoya asimismo en una analogía extraída del mundo sensible, extendiéndola al mundo inteligible. Y esto, aparte de suponer un desdoblamiento entre sujeto y objeto en ambos mundos, da por sentado que los dos términos se mueven en la luz.De manera que la luz aparece como lo que posibilita la visión propiamente dicha en el mundo sensible y la "visión" intelectiva en el mundo de las "Ideas".La luz visible se manifiesta así como una "emanación" del Sol sensible (el cual, en rigor, no es visible directamente), de un modo análogo a como la luz inteligible se muestra como una "emanación" del "Sol" inteligible, es decir, del Bien(el cual tampoco es perceptible en sí mismo).

Pero una cosa es el plano de la visión o de la intelección(análogos) y otra muy distinta, el del ser.Platón señala cómo el Sol es principio no sólo de la visión, sino también de la vida en el mundo sublunar; por lo mismo, su análogo en el mundo suprasensible, el Bien, es la causa por la cual las "Ideas" son y son entendidas. En el plano de la intelección, el razonamiento es claro y nos lleva a la "Idea" del "Uno" o de la "unidad", principio de todas las demás.Más dificultoso es mostrar que esa unidad es la causa del ser de todos los entes.

En efecto, la unidad inteligible no es otra cosa que la unidad del macrocosmos; pero afirmar que esa unidad es causa del ser de todos los microcosmos no es tan evidente, a no ser que concibamos el macrocosmos como algo subsistente por sí mismo y que los entes o microcosmos que lo componen no sean sino otras tantas partes o divisiones del macrocosmos.Lo cual nos lleva a un "Dios" que no trasciende el universo, a un "Dios" que tan sólo constituye la cúspide o cima de aquél.De un modo u otro, desembocamos en el emanacionismo: el paso de la unidad a la multiplicidad se efectúa por división o polarización, de manera que lo que era simple deviene, a otro nivel, compuesto.Es decir, el uno sólo es diferente de lo múltiple en modo ilusorio. No hay, pues, lugar para la creación.

Se comprende que las llamadas "pruebas" de la existencia de Dios sólo pueden surgir en una mentalidad para la que Dios no se identifica con el mundo y, por consiguiente, se hace necesario establecer un puente entre ambos. Para quienes consideran a Dios como una prolongación o culminación del mundo, semejante enlace resulta superfluo.

De las reflexiones anteriores se deduce que las doctrinas emanacionistas comportan siempre una identificación entre el campo de la "eidética" y el de la ontología(y su dimensión más alta, la teológica).Veamos, en primer lugar, la dimensión eidética.Las sucesivas capas de la realidad pueden considerarse como una serie ascendente de planos, en los que el superior es relativamente "simple" respecto del que le sigue y "compuesto" si se lo compara con el que le antecede.A ello apuntan las nociones lógicas de "extensión" y "comprehensión": la primera alude al número de entes a los que se aplica, la segunda, al número de "notas" o características que lo definen.Es sabido que, a mayor extensión menor comprehensión y viceversa.Una cuestión que podríamos conectar con los análisis husserlianos de la "esencia" y sus sucesivos niveles, con resultados sin duda esclarecedores. En efecto, partiendo de los "hechos", el plano más bajo, el análisis fenomenológico va elevándose hacia "esencias" cada vez más integradoras, hasta alcanzar el "Yo trascendental", verdadera "esencia última" o "esencia de las esencias".Llegaríamos así, en el ámbito de la subjetividad trascendental, a una experiencia de la unidad, a algo semejante al Bien de Platón, que es también la "Idea de las Ideas", esta vez en el ámbito universal, verdadero paso al límite de lo que Husserl denominaría la "intersubjetividad trascendental".

En cuanto a la dimensión ontológica y su cúspide, la teología, se estructuran de un modo paralelo al de la eidética. Es decir, el escalón inferior de la serie, el nivel de los "hechos" es un efecto que tiene su causa en la esencia inmediatamente superior; ésta es efecto de la anterior, más simple, y así sucesivamente hasta alcanzar la esencia primera, la unidad.Nos encontraríamos así con una idea de causalidad centrara en la "ejemplaridad".Sin embargo, ¿no es este tipo de causalidad el que predomina en las concepciones emanatistas y en el pensamiento platónico? No en vano al hablar del Demiurgo las interpretaciones oscilan entre una causalidad "eficiente" y una causalidad "formal" o "ejemplar".Y es que, en el fondo, en este tipo de doctrinas ambas maneras de entender la causalidad se confunden.

Se plantea, por otra parte, el problema de si cabe jerarquizar los "hechos" de un modo similar a las "esencias", de manera que el plano más bajo sería aquí el de los hechos "atómicos", la expresión más avanzada de la pluralidad.E inmediatamente viene a nuestra mente la noción tradicional de "materia prima", pura potencialidad situada del lado de lo indefinido, en los antípodas de lo infinito, ámbito propio de la unidad.Por lo demás, los hechos "atómicos" constituyen uno de los temas centrales del pensamiento de Wittgenstein y del positivismo lógico en general, que, en su afán de descubrir los últimos elementos mentados en el lenguaje, no pueden sino desembocar en una fragmentación indefinida del mundo, en un paroxismo de la pluralidad, "contrapolo" de la unidad originaria.Así, pues, para acudir al simbolismo numérico, los extremos serían la unidad y el infinito.Entre ellos discurre la jerarquía de las "esencias" y de los "hechos".

¿Cómo representar astrológicamente la unidad y el infinito? La primera, por el centro del círculo zodiacal; el segundo, por la circunferencia indivisa y, en rigor, divisible indefinidamente.Los números que expresan los períodos de revolución de los planetas significarán otros tantos "umbrales" de diferenciación y de integración de la multiplicidad.Cada planeta sería el símbolo de un nivel de integración de los "hechos" en las "esencias" y, a "hechos" más plurales, "esencias" mejor unificadas; la órbita del planeta representaría así la globalidad de los "hechos" por él abarcados, en tanto que el centro simbolizaría la unidad que los sintetiza.A esta polarización apunta también la teoría de los dos "domicilios" de cada planeta, uno "activo" o "diurno", y otro "pasivo" o "nocturno".¿Qué representaría entonces el círculo zodiacal? El "espacio" en que se mueve el "espíritu", la unidad más elevada y, por tanto, la capacidad de integrar la pluralidad más extrema.Es con relación a ese espacio como se concibe la facultad integradora y diferenciadora de todos los planetas.Y por eso el zodíaco se divide en un número de partes aproximadamente igual al de los días del año; es ese número el que indica el "umbral" del espíritu, aunque-insistimos- el espacio de la multiplicidad sea la circunferencia en cuanto indefinidamente divisible(por tanto, la multiplicidad se halla unificada en la circunferencia).¿Por qué un número determinado de planetas y de signos?.Aparte la significación del 12, es lógico que se trate de un número escaso de símbolos, como ocurre en todos los sistemas de simbolización: al fin y al cabo, el campo a explorar es indefinido en cuanto a extensión, por lo que cualquier "base" puede servir para recorrerlo, a sabiendas de que es inagotable, pues la circunferencia, aun siendo una, admite divisiones sin fin.Y conviene un número escaso de "esencias", las más elevadas, para explorar la multiplicidad, expresando como expresan los niveles más próximos a la unidad.En teoría, el número de signos y, por consiguiente, el de "planetas", podría ser superior o inferior a 12. Por otra parte, cabe establecer una serie de divisiones de acuerdo con el período de revolución de cada planeta:28 casas para la Luna; 88, para Mercurio;225, para Venus; 365, para el Sol; 687, para Marte,etc.Lo cual se halla en perfecta consonancia con la idea de una división indefinida de la circunferencia zodiacal.

Esto nos permite traer a colación el tema de la "materia prima".Así, en una estructura cuyo último elemento es Plutón, la "materia prima" vendrá significada por el número 90727, que marca los días comprendidos en la revolución del planeta; y, por otra parte, dado que la "materia prima" es simbolizada por el aspecto "pasivo" o "nocturno" del planeta, habrá que asociarla a Plutón en Escorpión.¿Cuál sería entonces la "materia prima" solar? La significada por el número 365, al menos si nos referimos al movimiento del Sol; otra cosa sería si considerásemos el movimiento del eje del "Sol negro":7670417, número de días de su revolución; ó 9467443 si tomamos como referencia la precesión de los equinoccios.

Tras estas breves reflexiones sobre el simbolismo astrológico, vemos cómo un determinado "umbral" de la multiplicidad es inteligible desde el inmediatamente superior y, a otro nivel, es efecto suyo, de manera que la unidad equivaldría al "acto" supremo, y la "materia prima", a la "potencia" suprema. Ahora bien, aquí está la diferencia entre la visión aristotélica y la tomista: en la primera, el acto supremo tiene como correlato a la potencia suprema, en tanto que en Tomás de Aquino, el acto puro carece de correlato alguno.

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16 Agosto 2008

TEMA ASTRAL E HISTORIALIZACIÓN

Supuesta una persona, situación o circunstancia, es posible contemplarla desde el propio tema, bien mediante progresiones, bien por medio de tránsitos. Obtendremos así una estructuración de cualquier acontecimiento visto desde nosotros mismos(al margen de su significado "objetivo").Podemos remontarnos, pues, en el tiempo tanto como queramos o, al menos, tanto como lo permitan los cálculos.

Puesto que el círculo del zodíaco local significa la totalidad del ciclo vital("el tiempo como imagen móvil de la eternidad"), es lógico situar el punto origen en el Ascendente, y el final, en el último grado de la XII. Si, a partir de aquí, quisiéramos encontrar el "reflejo" de cualquier persona, situación o acontecimiento del pasado en nuestro tema natal, bastaría con calcular la correspondiente "regresión", lo cual implica un movimiento de retroceso del Ascendente, que nos llevaría, en último extremo, desde el final de la XII hasta otra vez el Ascendente, que representaría entonces el "principio" del macrocosmos. Pero también podríamos considerar que el Ascendente se sitúa "en mitad del tiempo"; en cuyo caso, el recorrido inverso del Asc. desde la posición natal hasta el Dsc. natal representará el pasado, en tanto que el recorrido directo del Asc, desde la posición natal hasta el Dsc. natal será el futuro. Se trata de adecuar la estructura a un intervalo dado de tiempo(problema "directo") o bien, de calcular los años de un período observando hasta qué punto se ajustan a un arquetipo conocido(problema "inverso").

Nos encontramos aquí con una especie de "metempsícosis", de manera que cualquier personaje o circunstancia de la historia(cada uno a su nivel: no en vano el tema natal es una representación del macrocosmos visto desde un microcosmos), resuena en mí y aparece como un arquetipo de mi "inconsciente". Por ello las experiencias de "regresión"(habría que llamarlas de contemplación del pasado desde el "eterno presente") no suprimen el sentimiento del yo, sino que lo suponen(¿Cómo hablar de un espectáculo sin espectador?); y, de igual modo, los personajes de los sueños hay que interpretarlos preferentemente en clave personal. Se abre así una importante vía de investigación, que nos capacitará para conocer qué representa para nosotros cada uno de los acontecimientos o personas del mundo.

¿Cuál es el sujeto fenomenológico que asiste a semejante "constitución" del pasado? Parece que, en cualquier caso, se hace necesario un acto de presentificación, un mediador de la "presencia". Y es que, encarnado en el cuerpo, el yo es capaz, sin embargo, de proyectar frente a sí un acontecimiento pasado o futuro, arraigado como está en el "eterno presente"(o, al menos, a través de conjeturas muy fundadas). Por tanto, aunque, de acuerdo con la doctrina cristiana tradicional, el espíritu humano es creado cuando el cuerpo(o el germen) está dispuesto, ello no implica que el espíritu no pueda conocer(en el mejor de los casos, por contigüidad a la eternidad, es decir, por videncia o profecía) el pasado o el futuro. Pues la captación de "esencias" o "ideas" es facultad del espíritu y supone un "estar más allá del tiempo y del espacio", ya que sería imposible extraerlas si uno está confinado en el espacio-tiempo. Hablamos de ver o contemplar, no de vivir en cuerpo y alma; por consiguiente, lo que separa al espíritu del resto de la personalidad es la capacidad para rebasar la barrera del espacio-tiempo. Por lo demás, si en el caso de la videncia o de la profecía, es posible elevarse por encima de dichas barreras con la ayuda de Dios, es porque el espíritu es, de alguna forma, "capax aeternitatis". Este es el origen de la experiencia del "haber estado aquí antes".

¿Por qué es posible el acceso al pasado o al futuro desde la astrología? En virtud de la correspondencia entre el mundo de los arquetipos o "Ideas" y el mundo de los hechos. Y es que un ciclo cualquiera, por pequeño que sea, posee la misma estructura que uno mayor, de manera que la combinación de los arquetipos universales, de por sí intemporales, según un orden de sucesión, hace posible la pre- o post-visión de los acontecimientos temporales. Puesto que el yo sólo opera desde el presente, no puede remontarse al pasado sino de dos formas: en sentido pleno, desde el "eterno presente"(por participación en la ciencia divina); o mediante la presentificación apoyada en unos arquetipos que, en último extremo, proceden de esa misma ciencia divina, de manera indirecta(por comunicación angélica o por vivencia del mundo arquetípico) o directa(por revelación divina).

¿Cómo acceder a esa vivencia? En primer lugar, a través de la práctica astrológica, que nos familiariza con la mentalidad simbólica; en segundo término, mediante la evocación y, posteriormente, la emergencia del "Yo interior", capaz de dialogar con Dios y recibir de él la revelación de los misterios de la creación una vez que se busca "primero el Reino de Dios". Por lo demás, puesto que el tema natal es una visión del macrocosmos desde el microcosmos, resulta imposible elevarse a la contemplación global o colectiva del macrocosmos, a no ser a través de la comunión con los otros microcosmos: así se constituye la "intersubjetividad". Por lo demás, la intervención de la gracia posibilita el rebasamiento de toda perspectiva "natural" a partir del ámbito de la Divinidad, lo que no equivale a "destruir la naturaleza", es decir, la pluralidad de los "Yoes".

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9 Agosto 2008

NÚMEROS CÍCLICOS Y TETRAGRAMA

-Según la doctrina tradicional del tiempo, cualquier ciclo se divide en cuatro partes, cuyas duraciones respectivas son proporcionales a los llamados números cíclicos, 4,3,2 y 1. Así, dentro de un manvantara (64.800 años), la la "edad de oro" tendrá una extensión de 25920 años; la "edad de plata" durará 19440 años; la "edad de bronce", 12960 años; y la "edad de hierro", 6480 años.

-El principio de analogía entre los diferentes ciclos: se aplica a la vida de una persona lo que vale para la sucesión de las eras históricas.Por otro lado, es lógico hablar de semejanza entre diacronía y sincronía: si lo primero es la unidad y lo segundo, la dualidad, es lógico invertir la relación cuando se trata de la temporalidad; y así la sucesión 1,2,3,4 se reduce a 4,3,2,1 en cuanto a la duración respectiva de las eras; no así en lo referente a la "jerarquía" de las eras, ya que la primera se parece a la unidad, la segunda a la dualidad, etc.

-¿Cómo se justifica la duración equivalente de las distintas eras zodiacales? Porque aquí se habla de un tiempo físico, no psicológico. Y es que la numerología cuantitativa expresaría el tiempo físico; la astrología, el psicológico, modulado sobre el ritmo psicológico originario, marcado por la sucesión cualitativa 1,2,3,4. Esto quiere decir que un mismo aspecto, referido a la "edad de oro", produce efectos diferentes que cuando se lo refiere a la "edad de bronce", por ejemplo. Y lo mismo cabe decir de las progresiones y los tránsitos.

-Decíamos arriba que el ritmo de las eras vale lo mismo de un ciclo mayor que de otro menor; y, en concreto, dentro del mismo ciclo, de cada una de las partes en que se divide, salvando siempre el nivel de cada una de ellas. Así, dentro de la Era Cristiana y de su "edad de hierro"(que se extiende desde el 1800 al 2000; aunque quizá convendría colocar el principio del ciclo cristiano en el año 30, el de la muerte de Cristo, de manera que tendríamos: "edad de oro", hasta el año 830; "edad de plata", hasta el 1430; "edad de bronce", hasta el 1830; "edad de hierro", hasta el 2030), las sub-edades de ésta abarcarían: la primera, hasta 1910; la segunda, hasta 1970; la tercera, hasta 2010; y la última, hasta 2030.

-Por lo demás, dado que el acontecimiento incomparable de Cristo lleva la historia a su cumplimiento (“el tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca”), el principio de analogía halla aquí su aplicación más radical.

-¿Cómo representar sobre la circunferencia el grado de conciencia de cada una de las edades? Los 144 primeros grados constituyen la edad de oro, iniciada en 0º de Aries y marcada por la unidad; de manera que el grado 24º de Leo es el principio de la "edad de plata", marcada por la dualidad; el grado 12º de Sagitario será el comienzo de la "edad de bronce", marcada por el ternario; y el grado 24º de Acuario será el origen de la "edad de hierro", que se distingue por el cuaternario. A la sucesión 4+3+2+1=10, que designa el "triangular" de 4 y caracteriza al desarrollo de la existencia, corresponde la inversa, 1+2+3+4, que simboliza el despliegue de la conciencia. Es curioso constatar que 10 es el número del "Padre", origen y término del tiempo.

-Por otro lado, si sumamos, por una parte, la extensión de las edades primera y cuarta (o última) y, por otra, las edades segunda y tercera, resultará el mismo número, 5 (=4+1=3+2). Y lo mismo ocurrirá con la adición de los números que expresan los niveles de conciencia de las respectivas edades (1+4=2+3). Pues bien, 5 es el número del "Espíritu", el que divide al ciclo en dos mitades, la formada por las edades extremas (oro+hierro) y la determinada por las intermedias (plata+bronce), tanto desde el punto de vista de la existencia (4+1 y 3+2), como desde la óptica de la conciencia (1+4 y 2+3). De manera que 5+5 designará el equilibrio principio+fin= medio (1+4=2+3;ó 4+1=3+2). Pero, además, designa la integración del número existencial y del número conciencial de cada edad. Es decir, si 4 es el número existencial de la edad de oro, 1 será su número conciencial, y la suma de ambos 5; y lo mismo ocurrirá con la edad de plata, cuyos respectivos números son 3 y 2 (3+2=5); con la de bronce, caracterizada por los números 2 y 3 (2+3=5); y, por último, con la de hierro, cuyos números, 1 y 4, suman igualmente 5. El número del "Espíritu" es de "polarización" del ciclo entero en dos mitades, así como de interrelación existencia-conciencia, lo que otorga su peculiar "sello" a todas las edades, aun cuando cada una se distinga por su singular matiz.

-En cuanto a 6, número del "Hijo", es igual a 10-4 ó a 1+2+3 ("triangular" de 3) y, por tanto, la distancia que separa a 4 de su "triangular", a saber, al grado más complejo de conciencia (el de la edad de hierro; la "materia" de su integración en la totalidad) o al más simple de existencia (el de la edad de oro, el "espíritu") de su integración en la totalidad. O también, 6 es la suma de los números existenciales de las tres últimas edades o de los números concienciales de las tres primeras. Así, pues, la integración del 4 en la totalidad pasa por la integración del 3. Por tanto, 6 es el mediador: en el plano existencial, entre la primera edad y las otras tres; en el plano conciencial, entre la última edad y las tres primeras. Media, pues, entre la edad de oro y la "eternidad" subsiguiente, o entre la edad de hierro y la "eternidad" antecedente.

-Podemos afirmar, pues, que el "Padre" es el "totalizador"; el "Espíritu", el "diferenciador" e "integrador"; el "Hijo", el "mediador" entre el principio y el fin. Y si consideramos el Pentagrama, que se diferencia del Tetragrama en la letra Schin, de valor 21, una vez más intensificamos la función "mediadora", dado que 21 es el "triangular" de 6, el "Hijo".Evidentemente, las afirmaciones anteriores no pueden tomarse en sentido teológico, sino filosófico, dentro de la hermenéutica numerológica del Tetragrama.

-Aspecto "involutivo" del tiempo: la sucesión de las eras, oro-plata-bronce-hierro, que va de la unidad ("causa-de-sí"-"para-sí" integrador-"para-sí" diferenciador-"en-sí puramente existencial) y que es también el orden lógico de manifestación espíritu-alma(en su doble aspecto)-cuerpo. Es el "descenso" del 6 (=3+2+1) a partir del 4 existencial, distintivo de la edad de oro.

-Aspecto "evolutivo": ligado a la reflexión "fenomenológica", que busca los orígenes ("en-sí" meramente existencial; "para-sí" diferenciador; "para-sí" integrador; "causa-de-sí"), que sigue el orden inverso, cuerpo-alma-espíritu. Es la "ascensión" del 6 (=1+2+3) a partir del 1 conciencial, característico de la edad de hierro. El primero va ligado al hemisferio descendente del Zodíaco; el segundo, al ascendente, que las personas espiritualmente desarrolladas pueden recorrer en su totalidad. El primero concluye en la "encarnación"; el segundo, en la "asunción".

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7 Agosto 2008

CUESTIONES EN TORNO AL TEMA ASTRAL DE LA HUMANIDAD

1)Cuando se plantea esta cuestión conviene distinguir entre los temas secundarios(de una época, de una nación, de un lugar) y el tema radical.

2)Puesto que dicho tema es siempre hipotético, ya que no conocemos el momento en que surge la Humanidad, habrá que remontarse en el tiempo lo más lejos que nos permitan los instrumentos de cálculo. A este propósito son utilizables algunos temas como el del ingreso del "Sol negro" en 0ºAries(año 4004 a.C.aprox.,recordar al respecto la frase referente al Mesías:"Te esperábamos desde hace 4000 años";lo que llamamos el "Radical Tierra": 24-4-4004 a.C.;hora:7:5;E 2;31º-47'N;35º-10'E.-Aunque la era tradicional cuenta a partir del año 4000 a.C, en concreto, desde el 1-3-4000 a.C.); o el del principio de la Era Judía(22-10-3761 a.C.;hora:16:55;E 2;31º-47'N;35º-10'E). También sería interesante la fecha habitualmente manejada como principio de la "Era mundi":23-10-4008 a.C.;hora:14:04;E 2;31º-47'N;35-10'E.(Quizá pudiera ser de utilidad el tema erigido por Boulainvilliers:11-5-4229 a.C.;Asc.:15ºCáncer;MC.:15º Aries.Para éste, el Diluvio ocurrió en el año 2879 a.C. Por último, ¿habría que tomar en consideración un tema del "Kali Yuga"(cuya procedencia no recuerdo) establecido para los siguientes datos:17-2-3102 a.C.;hora:18:8;W 6;25º-22' N;83º-8 W;Asc.:15º-30'Leo;MC.:12º-34'Tauro).

3)Es claro que el tema fundamental sería el de la fundación de la Iglesia (simultáneo con la muerte de Cristo o con Pentecostés, según diversas opiniones).Parece que la fecha(7-4-30) es bastante probable(cf. el libro de Gerard Voss, “Astrología y cristianismo”). El tema se erigiría según los siguientes datos:7-4-30;hora:15:9:51;E 2;31º-47'N;15º-10'E.-Ascendente:9º-23'Virgo;MC:7º-44'Géminis. Si hablásemos de la manifestación de la Resurrección tendríamos que partir de los datos siguientes:9-4-30;hora:5:24:30;E 2; Asc.:16º-34'Aries;MC.:10º-13'Capricornio.Y si la referimos a Roma:9-4-30;hora:4:24:30;E 1;Asc.:9º-33' Piscis;MC.:19º-25'Sagitario. Por lo demás, la fecha del nacimiento de Cristo indicada por A.K.Emmerich es el 25-12 del año 3997 de la "Era del mundo"(algo que puede ponerse en conexión con el "Te esperábamos desde hace 4.000 años"; en cualquier caso, el año en cuestión puede interpretarse como el 4 a.C., ya que el 4000 de la "Era del mundo" sería el 1 a.C.). Los demás datos serían:0;0;E 2;31º-47'N;35º-10'E (Jerusalem, corregir para Belén).Corregir con Dionisio el Exiguo! Y, sobre todo, una fecha universalmente aceptada como es el comienzo de la Era cristiana:1-1-1, a las 0 horas para Jerusalén(31º-47'N;35º-10'E)(E 2) o, en su caso, para otras ciudades, especialmente Roma.Posición del "Sol negro":8º-38'Géminis;"Luna negra":15º-9'Capricornio;Estrellas próximas al Asc.:Khambalia, Accrux,Alfela; al MC:Praesepe!, Aselli boreal y Aselli austral!; al Sol:Giedi y Dabih;a la Luna:Zosma. A propósito del tema de la era cristiana, conviene hacer algunas observaciones:

a)Supuesto lugar como punto de referencia básico, erigir temas para los diferentes lugares o zonas de la Tierra a la hora propia de cada lugar, simultánea de las 0 horas de Jerusalén.

b)Así se establecerá un zodíaco que abarca al planeta entero; o, mejor, 2 zodíacos, uno para el Asc. y otro para el MC. De esta forma quedará delineada la geografía sagrada de la Tierra para la era cristiana. Los planetas ejercerán su influencia "por cuerpo" sobre determinados lugares y por aspecto, en los restantes.

c)Datos básicos del tema:"Sol negro" en 8º-38'Géminis("Un rey en su trono...), próximo a la cúspide de la IX; Saturno en IX; "Cola del Dragón" en IX;Júpiter-Plutón en el Asc.;"Cola de la Luna negra" en Cáncer y MC.

d)¿Cómo averiguar la "fecha probable"(dejando a salvo la sabiduría divina) del fin de la era cristiana? A través del análisis de la VIII, su regente y los aspectos que reciben(VIII en Tauro...Venus, en Acuario y en cuadratura con Neptuno(en Escorpión y II). ¿Se relacionaría también el fin con el tránsito del "Sol negro" sobre el M.C. natal?

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7 Agosto 2008

NOTAS A PROPÓSITO DEL EJE DEL "SOL NEGRO"


-El "Sol negro" perma­nece en cada signo 1750 años. Ahora bien, 1750x2=3500, número que puede escribirse bajo la forma "un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo"(1000+2000+500).

-Por otra parte, 21000:6=­3500, lo que divide la revolución del "Sol negro" en 6 "días", que podemos conectar con la creación en espera de su consuma­ción en el 7º día; lo cual nos permitiría, por analogía, divi­dir los 6000 años de la creación proporcionalmente a 1,2 y 1/2, y así tendríamos tres períodos de 1714,285, 3428,57 y 857,14 respectivamente: el de 3428,57 años iría desde el 4000 a.C. hasta el 571,72 a.C.; el de 1714,28 llega hasta 1142,565; el de 857,14, hasta el año 2000.

-¿Cabe simbolizar astrológicamente el fenómeno de las "Grandes Tinieblas"?. Es curioso constatar cómo día del nacimiento de Juan Pablo II, el Papa a quien corresponde el lema “De labore solis” en la serie de san Malaquías, tuvo lugar un eclipse solar en el grado 27 y algunos minutos, una posición zodiacal muy próxima a la del famoso eclipse anunciado por Tales de Mileto, que se produjo en conjunción con el “Sol negro” y que hemos estudiado en otro lugar de este blog como representati­vo del nacimiento de la filosofía.

-Se trata, pues, en el lema en cuestión, de un eclipse de la Trascendencia, de una ocultación del Sol por la Luna (del "espíritu" por el "alma"), es decir, de una ocultación de la Tras­cendencia por la mente o el cerebro. Y viene a nuestra memoria el hexagrama que el Yi-King denomina el “oscureci­mi­ento de la luz” y que algunos autores han asignado a nuestra época, es verdad que en el contexto de un tiempo cíclico y muy diferente del indicado por el lema “De labore solis”: la Humanidad que niega u oscu­rece a la Divinidad, de manera que ésta la abandona a su suer­te, o también una parte de los fieles de la Iglesia que o­culta o ensombrece a Cristo o a su Vicario ("Nadie le hace caso", se decía con frecuencia). Y atención!: en el tema de la Era tradicional, el eje del Dragón se sitúa en 27º-34´de Tauro-Escorpión! En cuanto al tema de la Era Judía, el Dragón se sitúa en 11º-55´Cáncer, muy próximo al de nuestra época.

-Resaltadas estas indicaciones, no es de extrañar el interés de Juan Pablo II por colaborar a la renovación de una razón de la que el “pensamiento débil” que distingue a nuestra época había levantado acta de defunción (véase la encíclica “Fe y razón”).

-Finalmente, los casi 21000 años que emplea en su revolución el eje del “Sol negro” nos traen a la memoria el valor de la letra “Schin” (21), la letra de la “humanidad” o de la “encarnación”, la que diferencia al nombre de Jesús (el Pentagrama) del de Yahvé (o Tetragrama).

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¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

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Soy un cristiano católico a quien le interesan las cuestiones relacionadas con el simbolismo, la fenomenología trascendental y la "nueva religiosidad". Si, por inadvertencia, alguna de mis investigaciones entrase en conflicto con el Dogma, yo acataría el juicio de la Iglesia.