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¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

1 Noviembre 2007

¿QUÉ TIPO DE ACTUALIZACIÓN ACONTECE EN LA LITURGIA?

-El acontecimiento que es Cristo tuvo lugar una sola vez, pero es válido para todas las épocas.

-Por otra parte, la liturgia nos habla de la diaria celebración de aquel acontecimiento en la Eucaristía, a la vez que insiste en que allí está presente Cristo sacramentalmente. Y esto supone que el acontecimiento en cuestión no es accesible a nosotros más que a través de la liturgia, por más que sus méritos puedan llegar a la humanidad de otras maneras que sólo Dios conoce, aunque siempre referidas a la Iglesia y a la memoria que ésta hace de la entera humanidad en la Eucaristía.

-¿Puede la oración hacer presente a Cristo sacramentalmente? No, y de hecho se habla de "comunión espiritual" o de deseo, para diferenciarla de la real. Eso sí, la oración dirigida a Cristo predispone a ésta última.

-¿Por qué instituyó la Iglesia el año litúrgico? Para "integrar" a un nivel más elevado la Eucaristía diaria, lo cual hizo a través de la mediación de la semana. Se trata, pues, de pasar de la maduración espiritual diaria a la semanal y, de ésta, a la anual. Siempre es la misma Eucaristía, pero contextualizada de diferente modo (y aquí vale la sucesión acto-hábito-carácter-destino). Perder de vista esto equivale a despreciar el tiempo como factor de maduración espiritual y a encerrarse en una concepción simultaneísta que escamotea la realidad. En efecto, semejante simultaneidad sólo es propia de Dios, que está por encima del tiempo y del espacio.

El hombre sólo puede elevarse sobre el tiempo y el espacio en cuanto espíritu, en el plano del entendimiento y de la voluntad, es decir, en tanto concibe ideas y persigue fines. Pero, en cuanto cuerpo, se halla prisionero del espacio-tiempo, eso sí con la esperanza de trascenderlos un día. Y es la unión entre espíritu y cuerpo lo que convierte al hombre en un ser con historia, a saber, en un ser que no vive ni en la "posesión perfecta y simultánea de una vida interminable" que es la eternidad, ni en el "eterno retorno de lo idéntico" que, en teoría, caracterizaría a los seres de la naturaleza. "El tiempo es la imagen móvil de la eternidad", pero no está destinado a durar indefinidamente.

Por eso la doctrina cristiana habla de un principio y de un fin del tiempo. Y eso es lo que se celebra anualmente en la liturgia, a sabiendas de que el año se abre a su vez a los jubileos y, en definitiva, al Jubileo eterno que inaugura Cristo en su segunda venida.

-Hasta aquí una somera visión del año litúrgico y de su carácter integrador. ¿Cómo entender la maduración espiritual de una persona concreta en este contexto? Situándola a partir del jubileo que antecede a su nacimiento y a partir del domingo anterior a su nacimiento, sin olvidar a los santos del día como protectores suyos que son y al santo cuyo nombre lleva.

Así el año litúrgico, nos permitirá situar a cada persona en el Cuerpo Místico, que se prepara históricamente y se proyecta de manera principial en los distintos tiempos y días litúrgicos. Cada existencia se enmarcaría, pues, en este esquema y podríamos ver la peculiaridad de su desarrollo espiritual. Y veríamos así, de manera palpable, cómo la Eucaristía va integrando todos los tiempos, lugares y experiencias.


-Sobre el carácter cíclico de la liturgia. Historia de la salvación y no sólo puro devenir cíclico. De ahí que pueda hablarse de un principio y de un fin del tiempo, que se refieren a la Hª global del mundo. Y también de un principio y de un fin de la vida individual. Y es que tanto el "macrocosmos" como el "microcosmos" nacen y desembocan en la eternidad. Es verdad que de dos maneras diferentes: el primero, inmediatamente; el segundo, enmarcado en el primero. Sin embargo, desde el punto de vista del espíritu los dos tienen su origen en Dios. Se diferencian en que el primero representa la globalidad del espíritu ("in persona Adami", al comenzar; "in persona Christi", en la madurez de los tiempos), mientras que el segundo está referido al espíritu individual.

A través de la historia universal va formándose el Cuerpo Místico, cada uno de cuyos miembros surge de la singularidad de la existencia humana. La cadena va de padres a hijos en cuanto a la carne; y de padres espirituales a hijos espirituales en cuanto al espíritu. En Adán estamos todos "en germen" carnal; en Cristo, en "germen espiritual". Pero nuestro espíritu es diferente del de Adán y del de Cristo.

-El principio y fin del mundo se reflejan en el principio y el fin del año litúrgico.

-Asímismo se reflejan en el principio y el fin de la vida.

-Ángulos que forma el ciclo litúrgico con el tema astral.

-Importancia de esos ángulos en la vida espiritual, por más que el desarrollo psíquico e intelectual siga las reglas de dicho tema.

-Tener en cuenta el "paso" que supone cada Jubileo para el ciclo litúrgico. Y, más todavía, el Jubileo con que termina el segundo milenio.


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Soy un cristiano católico ávido de "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.

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