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¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

22 Enero 2008

SOBRE EL SIMBOLISMO ASTRAL Y LOS LÍMITES DE LA ANALOGÍA

-"Astra inclinant, non necessitant" (“Los astros inclinan, no obligan”).

-"Coeli enarrant gloriam Dei" (“Los cielos narran la gloria de Dios”).

-"Como es arriba, así es abajo", a corregir por el "Inter Creatorem et creaturam non potest tanta similitudo notari quin maior sit dissimilitudo notanda” (“Por mucha semejanza que observemos entre el Creador y la creatura, siempre existirá una desemejanza mayor”).

-La libertad humana, "encuadrándose" en las diferentes "esencias" astrales (es decir, situándose en el marco de tal o cual aspecto), puede extraer mayores o menores realizaciones. De manera que se impone entender los aspectos de una forma menos estereotipada que la habitual.

-¿Cómo aplicar el principio hermético o de analogía antes aludido? Habrá que recurrir a la doctrina de la imagen y la semejanza. Pero tan sólo el hombre y no los demás seres corpóreos posee la imagen divina (aunque haya perdido la "semejanza"). A lo sumo, se podrá decir que la Naturaleza es "imagen de imagen".

-El hombre lleva en sí la posibilidad de ejercitar la autoconciencia, los demás seres naturales, cada uno a su nivel, carecerán de tal posibilidad. Y algo similar ocurre con la libertad, facultad inexistente en los seres de la Naturaleza. Sin embargo, siempre se podrá decir que el hombre lleva en sí la Naturaleza y obedecerá en principio a sus leyes, por más que el espíritu conserve su libertad frente a ella.

-En cuanto a los gobernantes de la Naturaleza, "los ángeles que mueven las esferas", son totalmente libres de la materia. ¿Cómo si no podrían moverla a voluntad?

-Una buena manera de averiguar el alcance de la autoconciencia y de la voluntad consiste en partir del "Astra inclinant" y calibrar hasta qué punto se cumple en un ser humano. Así sabremos cuál es su grado de desarrollo espiritual.

-Por tanto, 3 niveles básicos son a destacar en la creación: 1) el de los ángeles, independiente de la materia y con la capacidad de moverla; 2) el humano, capaz de resistir a las inclinaciones de la materia; 3) el de los seres naturales, que obedecen más o menos pasivamente a los movimientos de los astros.

-Por consiguiente, entre la materia pura y el espíritu puro, la humanidad se sitúa a medio camino, siempre con la particularidad de ser el destinatario de la encarnación de Dios.

-Así, los movimientos de los astros son producidos voluntariamente por los ángeles y pasivamente sufridos por los seres naturales, mientras que los seres humanos, partiendo de la sujeción a los astros en el aspecto corpóreo, pueden aprender a controlarlos hasta llegar a producirlos por identificación con la voluntad angélica. De este modo, el hombre puede participar en el gobierno de la Providencia.

-Semejante identificación sólo hubiera sido posible para el hombre en el estado de justicia original, nunca en el estado caído. Tras la redención (o antes de ella y con ocasión de la misma), el ser humano puede elevarse también a la condición de hijo adoptivo de Dios, de manera que no sólo puede existir la posibilidad de identificación con la voluntad angélica, sino también con la voluntad divina.

-Y siempre hemos de reconocer el carácter lineal del tiempo, que obedece a los números (especialmente primos, perfectos y triangulares) y no sólo a los astros. ¿Se puede hablar de que las jerarquías superiores, especialmente los querubines, gobiernan el mundo mediante los números? Y decimos los querubines, porque los serafines viven ante todo el amor divino, no la inteligencia.

-Si tuviéramos que hacer un esquema que expresara la ley hermética o, mejor, el principio de analogía, colocaríamos abajo los aspectos astrales sufridos pasivamente; arriba, esos mismos aspectos en cuanto engendrados por las voluntades angélicas; y, en medio, los aspectos considerados como activo-pasivos. En definitiva, se trata de figurar gráficamente la identidad, a la vez que la diferencia: por ejemplo, dos vueltas de espiral, una inferior y otra superior; dos triángulos, uno mayor que el otro (evidentemente, hay que distinguir la comparación entre entes finitos y la comparación entre entes finitos y el Ser Infinito: en el primer caso, la identidad puede representarse por una figura y su contrapartida invertida; en el segundo, por ambas figuras, significando ahora la inversión una distancia infinita; así, si el triángulo descansando sobre la base simboliza el ángel, y el triángulo invertido, la Naturaleza, la humanidad quedará representada por la unión de los dos triángulos; los cuales también pueden ser referidos a la relación Dios/Creación. De esta forma, si al espíritu le atribuimos la autoconciencia y la inmortalidad, la materia se caracterizaría por la inconsciencia y la perpetuidad.

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Soy un cristiano católico ávido de "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.

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