¿INICIACIÓN? CLARIFICACIONES DESDE EL SIMBOLISMO ASTRAL
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Dicho concepto implica en un primer momento la identificación del yo con el mundo de la emanación, con los estados informales de la manifestación, y, después, con
¿Qué simbolismo aplicar a
Dejemos por el momento el centro. Si nos referimos a la circunferencia, que, en el sistema solar, viene representada por la eclíptica, es claro que el eje nodal establece los puntos de contacto entre la órbita lunar (ámbito del alma) y la eclíptica (plano del espíritu). Por tanto, quien se identifique con la eclíptica a través de uno de estos puntos o, mejor, a través del nodo ascendente, estará en condiciones de comprender mejor el símbolo de
En rigor, hay 360 maneras de insertarse en la eclíptica, o sea, en el símbolo de
Así, pues, un concepto de "iniciación" entendido a partir del simbolismo de la circunferencia no parece plantear dificultades.
Sí parece haberlas,en cambio, cuando tomamos el punto central, "el punto de insostenible brillo", un tema que se halla presente, por ejemplo,en el Bien de Platón, que no podemos mirar directamente y, antes todavía, en
Morir o quedar ciego son dos maneras de expresar lo mismo: la idea de que el ojo es el Sol del cuerpo, un Sol que no puede compararse con el verdadero Sol, del que es sólo el reflejo; o, en otros términos, la idea de que el Sol es el ente humano, un Sol que no puede compararse con el divino Sol.
En efecto, de la misma manera que resulta imposible contemplar el Sol de frente sin quedar cegado, tampoco es posible contemplar a Dios cara a cara. A cierta distancia, se puede recibir el calor y la vida del Sol sin perecer, pero no se le puede afrontar visualmente. El calor es entonces símbolo de la vida, en tanto que la luz directa lleva consigo la ceguera. Por consiguiente, uno de los mejores símbolos de la iniciación (al menos tal como se la entiende corrientemente) es " el ojo que enfrenta al Sol". Así, pues, el ojo humano sería el símbolo del hombre, y el Sol visto de frente, la iniciación. De esta forma, una realidad mundana nos sirve para comprender analógicamente la imposibilidad de eso que llamamos "iniciación".
Tan sólo las "lentes" de la fe ("aunque es de noche" -dice san Juan de la Cruz) hacen viable la contemplación de Dios, de un modo similar a como se recibe otro tipo de energía solar, la calorífica, sin ser destruído, al menos cuando se mantiene uno dentro de los límites adecuados.
En cualquier caso, podemos coexistir con el Sol
siempre que nos mantengamos a cierta distancia.
A la luz de tal constatación resulta fácil comprender la necesidad de equilibrar cualquier exceso "dionisíaco", para emplear un término cómodo, por la mesura "apolínea", cualquier delirio o embriaguez inmanentista mediante la cordura que viene del reconocimiento de la divina trascendencia.
Por eso el simbolismo de Plutón (el planeta más alejado, el que,por consiguiente, señala
La fisión nuclear es, pues, un símbolo de la destrucción negativa de la materia, no de su transfiguración. ¿Qué representa entonces Plutón? Más allá de la identificación neptuniana con
Por eso, Si Plutón es la "muerte", el Sol es la "resurrección". Si Plutón es la "tiniebla", el Sol es la luz sin ocaso. Así nos es otorgada la vida tras la muerte de nuestro "ego", pero no en el sentido de una destrucción del yo o del ser, sino de una transfiguración. De todos modos, si queremos llevar las cosas a sus últimas consecuencias, el simbolismo que mejor refleja la búsqueda de la "iniciación" en sentido peyorativo, todavía mejor que un mal Plutón, es un mal Sol, sobre todo en aspectos conflictivos con Neptuno y Plutón.
Y es que la crítica del concepto de "iniciación" entendida en este último sentido lleva consigo la crítica de la definición de Dios como Posibilidad Universal y no como Acto Puro y como Ser.
En efecto, el concepto de Dios como Posibilidad Universal equivale, en definitiva, al de Infinito, que se basa, por tanto, en una negación, en una no-identificación con nada. Y, a semejanza de lo que ocurre con el infinito numérico, Dios no tendría fin, como no lo tiene la serie numérica. Ahora bien, desembocamos entonces en un ente de razón, no en una realidad, pues la realidad es acto, y Dios, Acto Puro.
Por lo demás, concebir a Dios como
Ahora bien, si nos preguntamos por
¿Es posible describir astrológicamente el tránsito de la mentalidad "ingenua" al esoterismo? ¿Y del esoterismo a la fe cristiana y católica?
A la primera pregunta hay que contestar negativamente, puesto que, al final,
También habrá que responder negativamente a la segunda pregunta, puesto que no cabe descripción astrológica (como no sea indirecta, al igual que en el caso anterior) de
Es curioso cómo la trascendencia del Principio tal como es entendida en el esoterismo postula un "puente" hacia ella desde la inmanencia, un puente que no es la gracia, sino la meditación y la concentración que disuelven al ente finito en el Infinito. Es decir, que la distancia excesiva o
Por último, ¿cabe una descripción astrológica del tránsito de la mentalidad "ingenua" a la fe? Sí, en la medida en que todo símbolo tiene un contenido analógico y,al aplicarse a Dios implica afirmación, negación y eminencia. Esto en lo tocante a la "demostración" racional de la existencia de Dios o al conocimiento "natural" de Dios.
En cuanto a la fe, que implica la participación gratuita en el Ser de Dios, puede expresarse igualmente en términos de analogía, esta vez de "participación", como dicen algunos escolásticos, es decir, supuesto el don de la revelación y de la gracia por parte de Dios, se expresará mediante símbolos astrológicos convenientemente purificados, de un modo similar a como la experiencia mística se formula en un lenguaje previamente acrisolado, un lenguaje al que el "carbón encendido del Serafín" ha vuelto "incandescente".
