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¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

18 Marzo 2008

EL SIMIO COMO CENTRO DE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN

Si Darwin todavía ponía a Dios en el origen del proceso evolutivo, sus sucesores reemplazan la creación por el surgimiento espontáneo de la nada, debido al azar y sin intervención de la inteligencia, siendo así que luego utilizan la inteligencia para explicar cualquier fenómeno y presumen de racionalidad. Viene a nuestra mente la utilización a troche y moche por parte de muchos "postmodernos" de esa razón que, por otro lado, desprecian. Lo cual es una desfachatez, sólo comparable con el aprovechamiento del "comodín naturaleza" entre los modernos. De esta manera, asignan todo poder a la "Madre Naturaleza" y la endiosan; mientras que, por otra parte, la critican al atribuirle todo género de desmanes y catástrofes. Lejos de abrirse a la idea de Dios, ponen en el origen de todo una "causa" absolutamente arbitraria. Se entretuvo Fred Hoyle en calcular la probabilidad de que una tribu de monos, golpeando las teclas de una máquina de escribir, redactase una obra como el Quijote: trillones de planetas no albergarían todas las papeleras llenas de ensayos frustrados... Por lo demás, curiosa e inquietante teoría la que asigna al azar un papel tan importante y otorga al simio un lugar central. No hace falta ser muy experto en simbología para saber por dónde van los tiros...

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Jose Miguel

Jose Miguel dijo

Quisiera, no obstante, subrayar la necesidad de profundizar en este tema. Donde están los analisis en profundidad de los creyentes sobre este asunto? Parece que la Iglesia amolda según se diga, pues todos hemos oido que la evolucion no supone ningun problema si se adminte que el proceso es guiado por Dios, y por otra parte, un momento en que el Espiritu es infundido en el hombre. Otras veces se dice que no hay tal evolucion, etc. Además, muchos creyentes expresan las contradicciones de la teoria de la evolucion, los limites, etc pero no elaboran un modelo explicativo alternativo.

Por otra parte, quisiera hacer mencion a un problema filosofico: al admitir que las especies varian, esto es, son determinadas por el imperativo de la seleccion natural y por tanto, lo que es hoy no tiene porque ser mañana, el concepto de forma aristotelica queda en entredicho. De este modo, sin formas, las filosofias realistas sufren merma.

28 Marzo 2008 | 11:49 PM

emilio

emilio dijo

No es que la Iglesia se amolde a cualquier dato científico en este punto, sino que no entra en la explicación científica concreta (no es su campo). Se limita a decir que, sea lo que fuere el "limo de la tierra", la formación del hombre supone la acción del "soplo divino", la infusión del espíritu en el cuerpo. Y esto vale para el primer ente humano y para el que hoy, en este momento, es engendrado (aunque en el pasado hubiese distintas opiniones sobre el momento exacto de la "humanización": siempre se hablaba del momento en que la "materia" estuviera dispuesta o fuese apta para recibir la "forma" que es el "espíritu").
Es verdad que no suele elaborarse un modelo alternativo al evolucionismo. De todos modos, semejante modelo difícilmente podría ser definitivo: el dogma, al expresar una verdad situada más allá de las posibilidades de la razón admite ser clarificado, pero no explicado ni demostrado. Eso sí, semejante clarificación podría ir muy lejos, respetando siempre los datos de la fe.
Sobre las dificultades que una evolución estricta de las especies plantearía a la concepción de la "forma" aristotélica (y, en general, a cualquier concepción que tratase de explicar la estabilidad de un ente), es de gran interés el libro de E.Gilson, "De Aristóteles a Darwin y vuelta". No resulta muy creíble un baile indefinido de códigos genéticos. Y es que, en definitiva, al factor "esencial" o "formal" le ocurre lo que a los gatos: si los echas por la puerta, entran por la ventana. Es decir, puesto un ente, siempre habrá una exigencia o una necesidad de definición, y ahí entra la "forma" o un concepto equivalente.
En cuanto a las objeciones a la teoría evolucionista (no lo olvidemos, se trata de una teoría, por científica que sea; no alcanza, por tanto, el nivel explicativo de la filosofía, no digamos de la teología), es muy útil consultar el libro de Michael Behe, "La caja negra de la evolución", título que alude justamente a que, más pronto que tarde, la teoría en cuestión se estrellará. Especial interés reviste el capítulo en el que se confronta la teoría de la evolución orgánica con los datos de la bioquímica sobre el particular, en el que se hace referencia al fantástico despliegue inteligente que supone el fenómeno de la visión, incluso la más rudimentaria.

31 Marzo 2008 | 07:27 PM

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Soy un cristiano católico ávido de "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.

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