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¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

25 Marzo 2008

DE LA "GUERRA EXTERIOR" A LA "GUERRA INTERIOR"

No es mi intención entrar en consideraciones políticas, estratégicas, económicas u otras afines sobre el fenómeno de la guerra. Mi perspectiva es distinta: me daría por satisfecho si estas breves líneas ayudasen a alguien a reflexionar profundamente sobre una lacra que desde los orígenes aflige a la humanidad.

La guerra aparece como un fenómeno de extensión universal. Apenas ha habido época en la que la humanidad dejase de sufrir semejante azote, con la agravante de que, conforme pasaban los siglos, las cosas iban de mal en peor, hasta llegar al “civilizado” siglo XX, que ha colmado la medida.

A pesar del precepto de “no matar” promulgado en el Sinaí y presente de un modo u otro en las diversas culturas a través de la llamada “ley natural”, la humanidad en su conjunto no ha podido escapar a la práctica contraria, siempre vigente en el plano individual y que encuentra su expresión colectiva en conflictos cada vez más devastadores. Negros augurios parecen cernerse, pues, sobre nuestra Tierra y calamidades sin cuento nos esperan…

¿Por qué el género humano no ha sido capaz de superar la guerra, no obstante conocer la ley natural, sea mediante la propia conciencia, sea por medio de la revelación del Sinaí? ¿No existirá una imposibilidad radical de poner en práctica, entre otros muchos, el precepto de “no matar”?

Conviene señalar que el estado de guerra en que vive la humanidad y que se intensifica en determinadas épocas (lo llamaré “guerra exterior”) no es más que la consecuencia de la “guerra interior” en que se desarrolla la existencia de muchos individuos.

No voy a detenerme en examinar la causa de ese estado de guerra permanente: una catástrofe primordial (los cristianos la denominamos “caída original”) separó al hombre del ámbito divino y, a la vez, de sí mismo. Al perder su unidad, el hombre se convierte en campo de enfrentamiento entre su voluntad y sus pasiones, su mente y sus sentidos, sus intenciones ocultas o inconscientes y su propósito patente.

De ser un microcosmos, una síntesis en miniatura de Naturaleza y Espíritu, el ente humano estalla en mil fragmentos. De vivir la apertura al otro y la solidaridad universal, pasa a concebirse a sí mismo como un yo autónomo y separado, lleno de deseos contradictorios. De experimentar la comunión entre su cuerpo (trasunto de la Naturaleza) y su espíritu, pasa a despreciar ese cuerpo y, de rechazo, la Naturaleza.

Por eso hace “no el bien que quiere, sino el mal que aborrece” o, como reza el Salmo: “Dicen: paz, paz, pero no hay paz”. Por eso la superación de la guerra no es posible mientras el hombre individual no supere en sí la “guerra interior” que lo enfrenta consigo mismo. ¿Cómo dejar atrás esa “guerra interior”? ¿Cuáles son las etapas del camino?

En este punto, el pensamiento de Kierkegaard nos ofrece importantes sugerencias. No basta con un comportamiento esteticista frente al mundo, un comportamiento que hace tabla rasa de la moral y contempla el mundo como un fenómeno puramente estético. Pero tampoco es suficiente una conducta inspirada en criterios morales: la realidad concreta (en el caso que nos ocupa, la guerra), al ser confrontada con el ideal moral de la paz universal, crea en el hombre ético una frustración cada vez mayor, al no disponer de los medios para llevar a la práctica aquel ideal. Un hombre lúcido que no haya abandonado esta esfera desembocará forzosamente en el cinismo o en la desesperación: es lo que suele ocurrirles a quienes con la mejor voluntad militan en partidos o asociaciones que, supuestamente, perseguían la realización de un ideal moral y que luego han terminado por mostrar un rostro bien distinto.

¿Cuál es la raíz del fracaso de los comportamientos esteticista y moralista? Evidentemente y como señalaba Kierkegaard, su postura autárquica frente a lo divino, la ausencia de planteamientos religiosos o el abierto rechazo de los mismos. Por eso son incapaces de acceder a la transformación por la cual se trasciende la guerra interior.

Y, puesto que la guerra exterior, la que se emprende contra el enemigo externo, no es más que el reflejo de la que se libra en el interior del hombre, se comprende la dramática situación de la humanidad en tanto no se produce una verdadera conversión religiosa de los individuos.

servido por www-espacioblog-com-analog 3 comentarios compártelo favorito

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

jose miguel

jose miguel dijo

Hola Emilio,

estoy de acuerdo contigo.

25 Marzo 2008 | 11:26 PM

Jose Miguel

Jose Miguel dijo

Aunque por una parte, considero que es muy loable la tarea que hoy hacen gran parte de periodistas y comunicadores en esta España que sufre a zapatero, por otra me resulta asombroso su persistencia. De mi sale con más facilidad el hastio y la retirada.
En mi experiencia personal la dimension ética me ha resultado frustrante.

25 Marzo 2008 | 11:35 PM

Emilio

Emilio dijo

Gracias por tu comentario. Se comprende tu hastío y tu deseo de retirada del quehacer político en la circunstancia que vivimos. Es señal de que el "hombre religioso" que hay en tí reclama sus fueros y te lleva a profundizar en la dualidad hispánica que, en momentos como la Guerra del ´36 (¡qué locura el proyecto de "memoria histórica": despertar a los demonios dormidos!), se convierte en claro dualismo. Pero el "hombre religioso", una vez que ha tomado conciencia de los límites del "hombre ético", no puede retirarse sin más. A partir de ahora ha de actuar "sin apegarse al fruto o resultado de la acción", como ya decía la Bhagavadgita, quizá el texto hindú más próximo al cristianismo. Y seguir el consejo de Cristo ("Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz"; "Sed astutos como serpientes y sencillos como palomas"), a fin de comprender que "hay un tiempo para cada cosa". Así aprenderemos a "amar a quienes no nos quieren", refutando, al mismo tiempo, sus errores. Por lo demás, todo indica que el radicalismo se va a volver contra quien lo impulsa. Y, ya que estamos hablando de un tema marcado por Marte, conviene recordar que, en las artes marciales, un buen recurso está en aprovechar la fuerza del adversario.

28 Marzo 2008 | 10:11 PM

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Soy un cristiano católico ávido de "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.

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