LA ALIANZA DEL ARCO IRIS
En su obra “El misterio del Adviento”*, Jean Daniélou, aludiendo a la idea de alianza (bérith), hace notar que el pacto hecho por Dios con Abraham no es el primero. Hay en
En lo sucesivo, cuando los hebreos intimen a Yahvé a acordarse de las promesas hechas a Abraham, siempre harán referencia a aquella primera alianza por la que Dios se comprometió a garantizar el orden del mundo. Es decir, si el Señor es fiel en el orden natural – los hebreos piensan que si el sol sale todos los días no es a causa de un determinismo físico, sino debido a la fidelidad de Dios, pues nada hay impersonal en la creación- también lo será en el orden de la gracia, a saber, en lo referente al plan divino para salvar a la humanidad a través de la descendencia de Abraham: el Mesías.
Nos encontramos aquí con un dato sumamente interesante y que no suele ser abordado con la suficiente amplitud en las reflexiones teológicas. Tampoco es este el lugar para hacerlo, pero sí para plantear algunos interrogantes que considero centrales sobre el particular:
1) ¿Por qué se olvida con frecuencia el origen sobrenatural de lo que llamamos el “orden cósmico”? 2) ¿Está justificado otorgar a la ciencia una autonomía de la que carece para abordar dicho orden?
3) ¿No es corriente en los estudiosos de
4) En los tiempos apocalípticos que vivimos, ¿sería aventurado explicar muchas perturbaciones del orden natural a las que hoy asistimos como causadas por la infidelidad del ser humano a la alianza con Dios?
5) Desembocaríamos así en una pregunta similar a la que Juan Pablo II se hacía en “Memoria e identidad”: ¿Qué límites ha puesto Dios al desencadenamiento del mal en nuestro mundo, también en lo que respecta a las agresiones al orden natural?
* Madrid, 2006, Ediciones Cristiandad S.A., 16-17.
