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¿Sexto sello? El blog de Emilio Saura Gómez

"Y el sol se volvió negro..."

5 Julio 2008

A PROPÓSITO DE DOS TEXTOS RELACIONADOS CON LOS "CIELOS"

1)"Las fuerzas de los cielos se tambalearán"(Mateo 24,29).

2)"Y vi un cielo nuevo y tierra nueva"(Apocalipsis 21,1).

¿En qué puede traducirse lo primero? ¿En alteraciones de los movimientos planetarios (retraso, adelanto,etc.), que oca­sionan catástrofes en la superficie terrestre? ¿Son mensura­bles tales alteraciones? En el caso de un impacto que desplace a tal o cual planeta, parece que sí. Como también (a efectos de medición) con motivo de la aparición de un nuevo planeta, que modifica los movimientos esperados para otro(caso de Plutón respecto de Neptuno). En definitiva, una cosa es calcular las efemérides de un planeta, y otra, comprobar las posiciones cal­culadas para un instante dado. Hay que suponer que estamos hablando de la culmina­ción de un período de alteraciones. ¿Cómo medirlas? Bien me­diante el telescopio, bien por procedimientos no ligados a la astrología, puesto que implicaría la posibilidad de variaciones empíricas.

En lo que se refiere al segundo texto, parece que ha de interpretarse en el sentido de una entrada del cosmos en la eternidad o una incorporación a la misma como consecuencia concomitante a la resurrección. Ello supondría la desaparición del tiempo, no del espacio, que se asemeja más a la eternidad.

E­videntemente, el hombre no dejaría de ser hombre, pero su ser quedaría integrado o insertado en la eternidad. No se trataría simplemente de asumir la "eviternidad" angélica, sino de participar de la condición divina. Paralelismo entre espacio y tiempo, analogía entre ambos, pero jamás identidad. Es decir, en relación con el tiempo se da la jerarquía eternidad/eviter­nidad/tiempo humano. En relación con el espacio, la jerarquía es unidad/dualidad/multiplicidad inconsciente de la unidad que a ella subyace.

Se trata, en definitiva, de superar el tiempo, integrando a la vez la multiplicidad en la unidad a través de la duali­dad. Semejante transformación implica, de un lado, el acceso a la simultaneidad (superación del tiempo) y, de otro, la perfec­ta jerarquización espacial. No quiere esto decir que desaparez­ca la forma, la cual será elevada, por así decirlo, o enraiza­da en la esencia. Tan sólo se trata de plasmar en todos los ámbitos la jerarquía de los números, a sabiendas de que la unidad(y, en segundo término, los números primos) ocupa un lugar pri­vilegiado. Ella implica in-división; los números compuestos, división; los primos, in-división y división por la unidad (lo cual introduce una cierta alteridad, que no afecta a la uni­dad).Y tal jerarquía se refleja en la realidad informal como en la formal.

Volviendo al tema de las alteraciones, parece que sólo ellas podrían explicar el "crescendo" apocalíptico de catás­trofes en los últimos años. ¿De qué naturaleza serían las alte­raciones? Lo más lógico es pensar que se deben a la irregula­ridad del movimiento de la Tierra ("La Tierra se tambalea como un beodo..."), que ocasionaría, por ejemplo, que una retrogra­dación durase más o menos de lo esperado. Y también es razona­ble pensar que aquellas partes de la Tierra más degradadas moralmente estén en la raíz de (o acusen de algún modo) tal de­gra­dación.

Por otra parte, dejando a un lado la exactitud de las efemérides, es claro que la observación directa (que no suele hacerse) permite extraer datos fiables para la interpretación o "predicción". Hay que tener en cuenta que, sin llegar a ex­tremos de error tales como los que aconsejaron la reforma gre­goriana, es claro que los errores de cálculo no son elimina­bles completamente. Esto ha de considerarse siempre a la hora de extraer una interpretación simbólica basada en observa­cio­nes empí­ricas.

En todo caso, la afirmación platónica de que "el tiempo es la imagen móvil de la eternidad" expresa muy bien la tendencia asintótica presente en la temporalidad. Ahora bien, la conjunción de ambos mundos sólo se entiende con rigor en el cristianismo, en donde la realidad intemporal se encarna en el tiempo y lo asume. Pero semejante conjunción no es previsible racionalmente. Por eso no es de extrañar que la razón humana(al margen de la Revelación) tienda a anular la temporalidad en beneficio de la eternidad.

La dificultad de conciliar los dos órdenes, el "esencial" y el "existencial" se ha dado siempre. Y la identificación de ambos sólo se da en Dios. Ahora bien, hay entes, como los ánge­les, cuya esencia pervive mientras dura la existencia, que es inmortal; otros, como el hombre, que, conservando la esencia, mueren para luego resucitar; y otros, los demás, cuya esencia se ajusta a una existencia limitada. Y en la esencia divina perduran todas las demás como otros tantos proyectos originados en Dios.

¿Puede encarnarse Dios en el hombre? Sí, aunque eso no significa que el ser del hombre y el ser de Dios coincidan o se identifiquen sin más. Pero tampoco impide que ahí tengamos una sola hipóstasis, la Persona divina que asume la naturaleza humana.

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Soy un cristiano católico ávido de "comprender, con todos los santos, qué es la anchura y la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa toda ciencia"(Ef 3,18-19). Por lo demás, someto mi parecer al juicio de la Iglesia.

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