¿EN QUÉ CONSISTE LA VERDADERA HISTORIA?

A la vista de los dos anteriores artículos sobre la eidética astral, la historia no es sino la proyección del estatismo eidético en una sucesión temporal en la que los "hechos" o "acontecimientos" nos remiten, por un lado, a las "esencias" o "Ideas" y, por otro, al ámbito de la eternidad. Al primero, como esfera propia del espíritu, que tiende a la unidad, más allá de la fragmentación de la existencia material y corpórea; al segundo porque, no pudiendo el espíritu elevarse por sí mismo (tras la caída) a semejante altura, la redención universal operada por Cristo hizo posible esta ascensión.
¿Es posible entonces un saber acerca del ámbito de la eternidad? No, en el sentido habitual y "natural" del vocablo, sí, en su acepción "sobrenatural", es decir, a la manera de una revelación privada, siempre sujeta a la interpretación autorizada del depósito de la fe. Se trata siempre de un don divino, sólo comprensible para quienes lo poseen y para quienes gozan del discernimiento de espíritus. No es posible apoderarse de tales dones; a lo sumo cabe "disponerse" a recibirlos, como diría Santa Teresa. En cualquier caso, la apertura a una interpretación de los acontecimientos o de los símbolos que nos permiten comprenderlos en clave sobrenatural es lo único que cabe hacer a este propósito.
