Mi viaje a Mallorca
Tercer día de trabajo, tras el regreso de mis cortas pero intensas vacaciones de verano. Ahora es cuando me veo con fuerzas para contar por escrito lo bien que me lo he pasado en mi viaje a la isla de Mallorca. No era la primera vez que estaba, pero tengo que reconocer que ha sido la vez que más me ha impresionado. Ya se sabe. No es lo mismo ir a un sitio por motivos familiares, bajo el envoltorio de Bodas, Bautizos y Comuniones, que ir por puro placer. Nada más que para desconectar y disfrutar de otros ambientes diferentes al que suelo frecuentar en verano.
Tras un viaje de media hora en avión, llegué al aeropuerto de Palma con un fuerte dolor en un pie, debido a un mal pisotón que me propinó un niño que no viene al caso ahora contar, y con una fuerte moquera que me incomodó a la hora de recoger el equipaje y buscar el coche que había alquilado para recorrer la isla a mi antojo.
Una vez pasadas las primeras horas, que a mí poco me gustan y en las que siempre me planteo que estaría mejor en casa,el viaje comenzó a ser lo que yo esperaba. Llegada al hotel, situadoen pleno paraísoguiri, entre miles de alemanes y litros de sangría, la playa del Arenal era el escenario de mi alojamiento. Y solo eso, porque procuré pisar lo menos posible esta zona de la isla. Tan solo unas horas de hamaca y baño en estas aguas para descansar de tanta excursión que realicé por Mallorca.
El primer día fuí a la zona del norte de la isla, puede que la más bonita y la más rica. Todas las casas que se veían parecían sacadas de revista. Me llamó la atención la limpieza de las calles y de las plazas de los pueblos que visité: Sóller, Deiyá, Valldemosa... ventanas y puertas sin apenas verjas ni rejas, sin alarmas y demás sistemas de seguridad a los que tan acostumbrada estoyaver en el levante español.
El segundo día descansé en el Arenal por la mañana y por la tarde me fuí a la ciudad de Palma, que no tiene desperdicio. Sus tiendas, bares, restaurantes... es genial. Recordaré con especial cariño un bar camuflado en una casa-palacio en pleno centro de la ciudad. Ábaco se llamaba. La copa que allí metomé puede que sea la más cara de mi vida: 15 euros querealmente merecieron la pena. Un bar completamente diferente, con bellos salones, un patio interior precioso, en un ambiente distendido y relajado gracias a la música clásica de fondo y al sonido de los pájaros enjaulados. Una auténtica maravilla. También tuve tiempo de conocer la fiesta nocturna en un pub del Puerto.
El tercer día lo aproveché para conocer la zona oriental de la isla y como no, parada obligada en las Cuevas del Drach, en Porto Cristo. Me gustaron, sí, y mucho, pero me agobié bastante. Demasiada gente para tanta humedad y oscuridad, no apto para claustrofóbicos, desde luego. De comida un sandwich rápido y de refresco un baño en una cala preciosa, con un nombre no menos bonito: la Cala Romántica. En esta misma jornada me acerqué hasta Pollença y a unos miradores con unas vistas preciosas.
El cuarto día lo pasé de nuevo en la playa del Arenal y en Palma.Un viaje encalesa me permitió conocerel bello casco antiguo de Palma, con rincones y lugares que no me habría fijado si no es porque el "conductor" del carro,un gitano muy amable y peculiar, me dio unas explicaciones que en nada tiene que envidiar a las que me podría haber dado un guía profesional.
Yel quinto ya fue de regreso, cargadas con dos ricas ensamaidas mallorquinas, producto típico de la isla, que no tienen desperdicio. Así acabó este viaje que a buen seguro, no será el último que realice a esta isla.


tijuanalopez dijo
Hola,
me ha hecho gracia leerte porque precisamente yo acabo de estar también en Mallorca, he visitado esos mismos lugares e igualmente me ha encantado la isla ( y es mi 2º año!). El año próximo debes conocer la zona vinícola de Palma ( Binissalem ) , para mí ha sido todo un descubrimiento.
Un saludo
29 Agosto 2007 | 11:17 AM