dominó
Uno, dos, uno, dos. Uno, tres!!! ¿No? ¿Por qué no? Bueno, o por qué sí, pero algo hay que hacer. Llámalo tres o siete pero empieza a evitar el dos tras el uno. Rompe la cadena, esa inercia aprendida y vuela a través de los sentidos. No te apoyes en el suelo, no temas caer porque ese flotar suspendido en el aire te da el aprobado que necesitas. No pienses en nada ni en nadie, deja que la inercia te traslade en un estado hipnótico hacia el menos allá, no sumes, sólo consume. Dilapida esencias y quita la pieza de en medio de la cadena que completa la caída de las mil fichas de dominó. Guárdala en tu bolsillo y échala durante tu viaje a la fuente de los deseos sin pedir ninguno. Nada, cero...y llega al infinito.
