susurros
Las redes del halago que nos entregan grandes piezas abisales e inesperadas debilitan las defensas de nuestro cerebro canalla. Él nos ofrece una falsa tregua de baños balsámicos mientras se rearma hasta el parietal de veneno. Deja que nos mezamos en las hamacas de las palabras susurradas y las falsas promesas en un tiovivo del que girando girando, te esperará en la taquilla para decirte lo que le debes. Y te abrirá los ojos dejando palillos que sujeten tus párpados mientras te somete a una torura de cruda realidad. Gozará viendo tu corazón partido en mil pedazos y reirá altivo tras demostrar quién es el amo y quién su siervo. Te hará ver tu condición masoquista una y otra vez en un tropezar sin fin en la misma piedra, exactamente la misma, ja, ja. Y, displicente, soportará nuevos susurros a tu oído de quien nada puede prometer; y él lo sabe, tú lo sabes, pero tú, tú...no lo quieres creer. Prefieres vivir.
