estímulos
A empellones, en sobredosis que te lleven a la psicodelia de los sentidos. Eres empujado como en las imágenes de los trenes de Tokio para entrar en tu vagón propio, sin nadie físico; mil estanterias, sin embargo, te suministran aquello de lo que quieras hacer acopio, lo que te pida el cuerpo, sin fin, una detrás de otra. Tus estímulos de los que ni eres siquiera dueño animan desde las dunas tu recorrido por el desierto en el que te arrastras y nada hace que desfallezcas. El sol, tu aliado. La sed, una circunstancia. El oasis...el oasis ya precipita sobre la ventisca de arena -que ciega tus ojos- gotas atomizadas que reactivan tu vida con explosiones similares a orgasmos. Ya dan igual las vestiduras de las que te desprendiste; ahora llegarás a ese oasis para abandonarlo en una nueva travesía hasta el siguiente. En tu travesía, en tus travesías. Y morirás sin nada ni nadie...pero habrás vivido.
