cometa
El espíritu te arde sin visos de extintores que mitiguen su intensidad, que además no te consume, y en tu pira bailas sirtakis de bellas sensaciones. Flotas entre fuego de frescor de rocío e hidratas tu depósito con brasas incandescentes que se ven más allá de ninguna parte. Distribuyes cerillas aproximando deseos inflamables de alto octanaje porque pides a ese dios inexistente que no acabe con un espectáculo de fuegos artificiales que la salud te permite disfrutar. Y pinchas las ruedas de todos los coches de bomberos del planeta para que tus hectáreas sean poseídas en la sonrisa de quien no considere dantescas las llamas que en apariencia asolan esa inquietud con sus excesos. Y regurgitas escenas de vida mortificantes como un faquir y con la austeridad de un ludópata incurable. De arteria a vena en líneas rectas de canciones de disco de vinilo. Ardió Troya, tú quieres ser cometa.
