sebas
Y te rompen el alma con la voz entrecortada del gracias cuando en tu observación previa a la muerte anunciada surge un inevitable sentimiento de culpabilidad. Vivimos sin querer ver nuestro egoísmo dejando los presentes envueltos de la felicidad para un mañana que no llega nunca, ni llegó; y cuando la puerta se ha cerrado definitivamente el corazón ha quedado hecho trizas junto al cuerpo inerte del ser amado. Descansa ahora las querencias que jamás le fueron compensadas y ladra en silencio protector el perímetro de su territorio, demasiado reducido para quedar en él su sufrimiento. El mejor amigo, el peor momento, siempre el peor. De Sebastián a sebas y de ahí al camposanto de las caricias eternas. Ahora olisquea entre las almas perdidas.
