seducción
El juego continúa. Las cartas muestran el principio de una gran jugada y el placer está en su desarrollo y no en su resultado. El tacto de los naipes acaricia las yemas de tus dedos y el olor a baraja nueva como los cuadernos recién estrenados perfuma toda la estancia. Un as de dos rombos revolotea la escena y frente a frente la seducción envuelve la apuesta con sutiles pinceladas de inteligencia. El tiempo flota a tu alrededor y las manecillas del reloj se vuelven locas agarrotando la maquinaria. Sonrisas intensas y espacios cortos, muy cortos, enlazan deseos compartidos y desatan los sentidos. Su mirada recorre tus venas y un brindis de miradas chispeantes se repite hasta embriagar la noche. Y así, despacio, muy lentamente, llegará el amanecer.
