jamás
Zoco, medina, alcazaba. Latigazos visuales que los sentidos no alcanzan. Vericuetos, laberintos de aromas de intensidad mareante. Un estómago que chispea vida y tu humanidad se diviniza. Vida a raudales que te embiste y deseo enfocado a sublimar la perfección del ser como sueño. Brisas de historia sobrecogedora paralizadas para tu deleite y el amor olvidado del cerebro por instantes. Paz inquieta en tus pisadas y ansiosas cabalgadas más allá del tiempo. No sabes dónde, quizá ni siquiera cuándo, pero tus pisadas ya estaban erosionando las huellas que tu piel dejó en el pasado. Y entonces, sólo entonces, descubres que morir es un instante y que la eternidad ya te pertenece. Adiós, adiós; resucito de la mano de la historia, de la música, de ti, mi hermano, de vosotros. No he visto el infierno porque sé que es imposible que exista. Jamás.
