vives
Nada te obliga ya aunque en apariencia eso no ocurriera. Del camino de granos de arroz el viento del transcurrir va descolocando su hilera; y si bien sus unidades son las mismas, ya no forman el camino atrás que conducía hasta ti. A modo de rastrojo sobre caballo apache difuminas con la experiencia las huellas de tu curiosidad y fortaleces, bien herrado, el galope de tu caballo. Vas a pelo porque el cuidado de tu silla ya no te compensa y prefieres el contacto más directo, piel contra piel, piel con aire. Abres los brazos con las palmas hacia arriba, giras la cabeza hacia atrás, cierras los ojos, respiras profundo...y vives, vives, vives...
