reciclaje
El camino andado marca el por andar y como en matemáticas un millón sobre infinito es igual a cero. Por lo tanto por más que intentas salir de la ignorancia más te enfangas en ella. Unas arenas movedizas a la que nos trasladan desde el útero materno con dos opciones. Ni movernos o luchar con angustia. Y en ese camino solitario hacia el ahogamiento un placer sádico te pide mayor castgo diario. Unas dosis que te acercan a la muerte de la comprensión y te aproximan a la lucidez de lo que eres de verdad. Nada, nadie, ninguno. Zigzagueas pero las balas siempre te dan en la frente y en realidad ese dolor se torna placer por ser diana de la duda. Un silencio te acompaña porque tus aullidos son mudos. Privilegio de todos en conjuntos indivisibles de una unidad. Joder, qué gusto, quemaste las naves y tu línea de flotación marca que la bodega está llena; de objetos inservibles, herrumbrosos. Pero esperando que bajes a ella, te enamores de ellos y des una nueva vida a tu reciclaje permanente.
