candilejas
Desgajados de la fruta de las lágrimas nos encerramos en un mundo que nos niega mostrar sin penar. Paladeamos los picantes para luego decir cómo pican intentando volver al “antes de” con cara de supuesto asombro. Respondemos altivos al chispazo que nos conmueve con corazón granítico aliviando en el foso los pulgares hacia arriba de tus fiscales; que caen a tus espaldas hasta la certera puñalada a ti mismo. Un lagrimeo de mota de polvo nos aproxima a la insidia de las palmadas en el hombro y luego vitoreamos los deshechos esparcidos sobre la arena de nuestro propio gladiador. Mil candilejas marcan la vuelta al encierro entre laberintos de húmedos afectos y las confesiones corren sobre nuestras mejillas dejando torrenteras de desgana de nosotros. Que salga el sol, que se apaguen las velas.
