quietud
De la ingenuidad determinada las torres enemigas retiran las vigilias de sus oteadores. Pastos de libertad embaucadora y displicencia pacata con yelmos quitados, sonrisas de seguridad ante el gran caballo de madera que allí lejos no se mueve. Actividad sin adornos barrocos al margen del río de brindis de precipitadas conclusiones. Barrigas orondas hozando mientras tu posición en carrera acaricia la pancarta que indica la dirección a meta. Ya ni siquiera el aire reverbera la algarabía que te zancadilleaba el alma millas atrás y el campo abierto que divisas no dibuja polvaredas de galopes ni perfila oscuras sombras en los farallones que dan escala a la quietud. Calma chicha en un avispero neuronal; cantimplora de palabras e imágenes y un horizonte al que aproximarse sin visas de alcanzarlo jamás...ni suponerlo.
