do-re-mi-fa-sol
Los acordes, precisamente esos, calan hondo. La piel se eriza y las imágenes se recuperan acompañadas de olores. Desapareces unos instantes en esa regresión de pureza inmaculada. El cuerpo no pesa y la felicidad te inunda, esa felicidad que sólo aparece sin esperarla en su portal. Las notas se van decantando por los vericuetos que dan paso a lo más interior de tu sustancia y saltan las alarmas de las sensaciones que te electrifican desde dentro. Eres vergel de siesta calma, poesía regalada del altruísmo recuperado. Un día retenido en tus entrañas para dosificarlo el resto de los que te queden por vivir. Ánimas sensoriales que reviven en tu pecho mientras el do-re-mi-fa-sol posa con delicadeza los excesos que mitigaron tu pasado y hoy humanizan tu instante.
