jirones
Dime hasta dónde alcanza tu mirada cuando miras al suelo. Qué deseo posee tu pensamiento cuando duermes. Enséñame los muñones sin curar de tu alma y dame la clave de tu alarma para que traspase el umbral de tu mirada. Reclínate en mi regazo y deposita tus lágrimas una a una en mi urna, quiero enterrarlas. Vomita los jirones de los latigazos que te regaló el vivir. Y mírame, enséñame tus ojos húmedos de alegría aupados a una sonrisa, acaríciame codiciosa de piel. Recárgate de lágrimas que hidraten tus apuestas y deja que corran las rondas. Yo te las pago.
