vísceras
La cerradura chirría al giro de la llave de los ecos de tu palabra. Obcecado de quimeras, encadenado, no quieres luz que hable más alto que tus pensamientos ordenados de la A a la B, polvorientos de camino a la última que quizá llegues. En las aguas estancadas tu mundo esboza las trazas de tu carboncillo errático, lindes delimitadas. Con la congoja al cuello zozobras en inquietas maniobras de timón que arrancan las costillas de tu casco con hercúleas realidades descarnadas. Desposeído de lágrimas en las que arroparte, tus vísceras zarpean el cemento que consolide tu posición en el fango. Patena de barro vitrificado, ya cerámica. Y así alcanzas a desplazar, arrogado, tu pequeño punto negro sobre el gran lienzo blanco.
