vacío
Sube el telón que descubre una tramoya calafateada en brea, untuosa a la ceguera. Los actores se esconden entre la masa que abandona la sala a la carrera y el dinero recaudado se dona a las llamas. Escenas que sucumben a la calle que las contempla, vestuario descosido. Pegajosidad voyeur desde los ventanales de nariz aplastada, espacios inertes. Doctrina fatua de masas colmatadas de desesperanza, invidencia translúcida. Emboscados al paso de las ideas marciales los parapetos se alveolan con escapatorias niqueladas de sangre y el vacío se apodera consecutivamente de los pulsos a la realidad que, al igual que Bruto, también te recibe por la espalda.
