lecho
Del altruísmo que ennegrece el entendimiento los perros abandonados reciben los palos de la desidia. Una pereza que imana esfuerzos ajenos disiente del discurso que no le encumbra y quema en hogueras las doctrinas que tan solo son circunstancias. Golpeado en las heridas, das la espalda en un caminar a la paz que guarda tus lágrimas como lecho a una soledad que dictan las sucesivas condenas. La mirada chispea bajo la expresión de tristeza, el corazón late inquieto; respiras profundo, muy profundo cada cien jadeos al dolor. Pero tu estrella te pertenece, allí en lo alto, y espera ese día en el que seréis uno; y ninguno pisará ya tu alma, tu lecho de lágrimas secas.
