despierta
Dejémonos de milongas y ataquemos nuestra fortificación hasta dejar cascote sobre escombro. Fundámonos en la clave hasta quedar hechos escoria sin desaprovechar nada. Dilapidemos al rojo en una sola sesión, que mañana no existe y la muerte acecha en cada duda. Exprimamos los extremos de la seducción hasta sacarle los límites a ese acordeón. Hagamos acopio de silencios para distribuírlos con sutileza estática. Usemos todos los colores de la paleta sin reflotar imprevistos. Regalémonos el tiempo que nunca encontramos. Y ahora, ahora mi amor despierta. Despierta y deshagamos la cama para intentar que el sudor se funda con el amanecer, que el deseo explore nuestros gestos, que los susurros silben entrecortados; y dediquemos, al menos un rato, a olvidar que todo esto es tan solo un instante.
