alud
Quizá la catarsis espera con su manto blanco mi llegada. Una montaña de impurezas proyectadas sobre la paleta sin limpiar te insinúa la necesidad de una purificación desde las raíces. A la fe se le suma el desconcierto; y el cielo, antes imaginado inmaculado de nubes, se desploma como una bóveda de sillares apoyados sin claves. Espejismos de derrumbes sin cribar se hacen aterradoras montañas que ciegan tu paso hacia el punto de luz de la salida. Un platillo de aproxima con fiereza al infierno y el fiel, mástil carcomido, se desmorona. Te quieres dar un tiempo que ya gasta números rojos y sólo el castro derruído será capaz de reflotar en la meditación tus energías enterradas bajo el avellano. Quizá tus cuerdas vocales se desgarraron en el ascenso de la pared vertical, quizá simplemente no supiste adivinar que el alud te esperaba.
