cadáver
Fantástico ver que los estímulos se ejercitan en el gimnasio vital y cogen músculo, se tonifican y de paso eso que te llevas tú. Los hay de todo tipo pero hay algunos, de esos “en la distancia”, que llegan a licenciarte como con las carreras por correspondencia y sin tutoría física. Hay un hilo conductor, casi imperceptible pero del tamaño del propio estímulo, que es ese “regusto” de seducción en el trueque de sensaciones. Las cartas se juegan boca arriba y la mirada es franca y cristalina. La pureza te otorga una validez que sólo se escurre cuando el interés por el otro toma una fuerza desmedida y no cabe compensación del bando “contrario”. Es como un platonismo que acaba degenerando, por fuerza, en un cadáver. La piel demanda entonces ser más receptora, avariciosa y por eso sólo queda rendirse. Sí, a la evidencia. Y seguir trotando, quizá buscando el galope que un día, el menos esperado, te deje sin resuello. Pero sonriente, pero seducido, pero extasiado.
