puntas
Y así cierro mi estrella de cinco puntas, la pata de cinco mesas de un comensal y mil sueños disfrutando mientras se digiere y no se come. El deber que pasa por guiarla a ella para que mi ceguera sea menos que la nada y así quede aliviado de carga alguna que me lastre. Avanzo el cierre de puerta entornada, de anhelos dispuestos, de vida ganada. Todo late quieto en cortejo, sendero de almas rotas y el veneno de las princesas desencantadas. Todo late entonces con fuerza, regalando las heridas en corro, terapia de un aliento amigo. Amo la vida que me regaló y sustentaré con ella mi vista para que jamás se hunda en el barro que hay tras los barrotes porque el cielo desplomado aún se puede recomponer.
