voyeur
Las noches te acosan y salen indemnes porque tú, ataviado de harapos, sólo te acurrucas bajo los latigazos y ni un gemido rompe las chasquidos secos del martirio. Ves brotar sangre que chupas frenéticamente aliviando una palidez mortuoria. Tu sexo está caliente y duro como un sátiro luciferino eyaculador de ansias y así le ganas tiempo al gran macaco que interrumpe y se have voyeur del instinto. El amor es sacado de las tripas de las sábanas y ejecutado en una suerte de ritual de mirada sostenida al horror. Y dejas de amar, de querer e intentas siquiera pensar. Y así al clarear aparecen tus sombras sujetas con clavos a las paredes de tu celda.
