estatismo
Todo parece desvanecerse cuando retoma una fuerza inusitada de nuevo. Cuando todo es extremo, límite, el punto de rotura es igual a cero. No hay puerta, no existe el tránsito entre ambos mundos. De repente estás "abducido", te despiertas de una inconsciencia que te lleva a una lucidez que sin embargo no resuelve ninguna incógnita. Lo que sí fluye por tus venas es otra sangre, o envenenada o dulce. Exactas de apariencia. Ha de ser así, hemos de ser barómetros sanguíneos al margen de. Esos tiempos entre asalto y asalto, poderosamente sedados del gong vital, los hacemos tan maleables, tan elásticos, que en ellos estrellamos uno tras otro los deseos más acuciantes contra los pilares del estatismo cobarde.
