sombra
El dolor navega lento mis venas a un aliento entrecortado y desgarrador. El opio de un vacío martillea de escenas lacerantes el pensamiento que, lúcido, intenta escapar a ese acoso. El tiempo raspa las paredes de tu alma en un martirio segundo a segundo que se autorrebobina entre pulsación y pulsación arrancada del pecho. El sinsentido se agolpa a tu puerta dando aldabazos que perforan tus entrañas en un estómago que quiere rendirse. Pero el vendaval de golpes, uno, otro, uno, otro, iguales siempre de imágenes, no deja que tu sangre sea bombeada y los zarpazos de una horizonte zozobrado te desolla vivo. Y tú, acurrucado en el fondo de tus lágrimas, ves pasarte a ti como tu sombra. Y deseas morir. Sí.
