llave
Déjame cada día la llave bajo el felpudo, sólo así velaré tus sueños. Deja mi plato y mi vaso sin recoger y así siempre tendrás una rosa en el centro de la mesa. Guarda mi sitio en la cama salvo para abrazar mi recuerdo y de esa manera yo guardaré el tuyo sin un pliegue. Comenta en voz alta la congoja que te invade cuando supones tristeza en mi alma porque mi sonrisa recordada dejará la paz en la tuya posada. Nunca olvides pronunciar un te quiero cada vez que antojes un te amo y libera los recelos atascados hasta que sientas, serena, que suena mi voz y se acerca, muy lenta, seguida de toda mi entraña.
